Vicky Peña. Actriz "Es difícil no tener una conexión emocional con esta zarzuela"

  • La barcelonesa, una de las intérpretes más respetadas de la actualidad, forma parte del reparto de 'La tabernera del puerto', que se representa desde hoy hasta el domingo en el Maestranza

Vicky Peña, con Pep Molina en una escena de 'La tabernera del puerto'. Vicky Peña, con Pep Molina en una escena de 'La tabernera del puerto'.

Vicky Peña, con Pep Molina en una escena de 'La tabernera del puerto'. / Juan Carlos Muñoz

A lo largo de una excepcional trayectoria que le ha reportado reconocimientos como el Premio Nacional de Teatro, el Max -que la ha distinguido en cuatro ocasiones- o el Ercilla y en la que ha protagonizado destacados montajes como La reina de la belleza de Leenane, Sweeney Todd, Homebody / Kabul o Follies, Vicky Peña (Barcelona, 1954) ha tomado como hábito el estremecer o maravillar al público. Desde hoy hasta este domingo, la actriz regresa a Sevilla con un proyecto inesperado, como integrante del reparto de La tabernera del puerto, la zarzuela de Pablo Sorozábal que se recupera con puesta en escena de Mario Gas.

-A finales de 2017 visitó el Maestranza con La fille du régiment, una ópera, y ahora lo hace con una zarzuela.

-Sí. Está siendo muy bonito poder formar parte, desde hace un tiempo, de montajes de género lírico. Yo había hecho muchos musicales, varios Sondheim, un Kurt Weill, también Guys and dolls, pero a esto de cantar con orquesta y sin micrófono no estoy acostumbrada. Los procesos de La fille du régiment y éste fueron diferentes. Con el primero llegué a un espectáculo que ya estaba hecho, con un personaje que habían interpretado antes actrices como Bibiana Fernández o Ángela Molina, a mí me llamaron para que lo hiciera en Sevilla. Y en La tabernera del puerto trabajé desde el principio, lo ensayamos y lo montamos la pasada primavera para el Teatro de la Zarzuela.

-Tras papeles de la densidad y el dramatismo de Homebody / Kabul o El diccionario, donde todo el peso caía sobre sus hombros, debe de ser liberador abordar una producción como ésta, donde tiene un papel secundario y cómico...

-Esos montajes requerían una responsabilidad y una concentración muy específicas, y realmente agotadoras, desde un punto de vista emocional también. Estoy feliz porque el de Antigua es un personaje muy bonito, muy entrañable, con muchos registros cómicos. Con Pep Molina, que hace de mi marido, Chinchorro, tengo una escena de una pelea en la que además de cantar nos movemos como locos, y acabamos exhaustos. Pero aquí es muy distinto de esos proyectos de los que me hablaba, aquí se trata de reír y gozar.

"Los personajes que haces son como viajeros que conoces en un tren y con los que mantienes una larga conversación"

-En la sinopsis se dice que su personaje es “muy dado a consolarse con la botella”. ¿Cómo ve usted a Antigua?

-La tabernera del puerto es una composición de una belleza enorme. Tal vez yo sea muy fantasiosa, pero la música tiene momentos descriptivos que te hacen ver el mar, el oleaje, las nubes negras del Cantábrico... y en otros momentos la partitura te describe cadencias personales, recuerdos de juventud de Juan de Eguía, de otros tiempos y de otros lugares, y naturalmente te cuenta también una historia de amor. Y como contrapunto alegre y chispeante hay varios momentos de personajes populares, característicos, y en este sentido está esta pareja, Chinchorro, un viejo patrón de trainera de pesca, y la mujer, sardinera. A Antigua la he enfocado como enfoco siempre los personajes que hago: leyendo atentamente el texto y viendo qué dice y qué se dice de ella; siguiendo las indicaciones del director sobre su actitud y el movimiento, y también teniendo en cuenta los niveles que te marcan tus compañeros de escena. En el texto se dice que Antigua es sardinera y borrachina, se cuenta que tiene mal carácter, que es gritona y un sargento, y que únicamente cuando está borracha se pone dulce con su marido...

-Para Mario Gas este no era un encargo más, sino un proyecto con el que tenía una fuerte conexión sentimental.

-Sí, efectivamente. Su infancia y su juventud estuvieron muy ligadas a esta Tabernera del puerto. Su padre, Manuel Gas [cantante lírico], estrenó muchas de las zarzuelas de Sorozábal, e hizo el papel de Simpson en esta pieza durante muchos años. La noche en que Mario nació, su padre estaba de gira en Montevideo, cantando precisamente La tabernera... y la madre, Ana Cabré, lo acompañaba. El padre incorporó ese título al repertorio de su compañía. Mario recuerda estar entre cajas viendo la obra, y a veces salir a hacer algún personaje pequeñito, a su hermano Manolo sentado en las rodillas de Sorozábal... Pero más allá de esta historia personal, es difícil no tener una vinculación emocional con esta zarzuela, que es preciosa.

"Cantar y moverte al mismo tiempo es algo agotador. Pero aquí, no como en otras obras, se trata de reír y gozar"

-Esta semana, Lola Herrera representa en el Lope de Vega Cinco horas con Mario. ¿Usted tiene, como le ocurre a Herrera, un personaje que ha marcado su carrera?

-Pienso que no. Hay algunos que te dejan más huella, pero si hago balance diría que han sido varios. Más jovencita te habría respondido que la Polly Peachum de La ópera de tres peniques, más tarde te habría hablado de la Madge de El tiempo y los Conway, después la Maureen de La reina de belleza de Leenane, o la Mrs. Lovett de Sweeney Todd... Todos me ayudaron de algún modo en su momento. Yo siempre digo que los personajes son como viajeros que te encuentras en un tren, con los que mantienes una conversación muy interesante que te deja otro punto de vista en tu vida, que de algún modo te conmueven o trastornan, pero después tú sigues tu viaje. No puedes decir que han cambiado tu vida, pero sí han añadido un color distinto.

-Tras La tabernera del puerto interpretará en Barcelona, junto a Carme Elías, Què va passar amb Bette Davis i Joan Crawford?, una obra en la que encarnan a las dos actrices.

-Sí, y en el Teatre Akadèmia tienen la intención de mantener el misterio de quién interpreta a quién. Es una pequeña joya, que se articula a través de la correspondencia entre las dos actrices, una correspondencia inventada pero basada en declaraciones en prensa o en televisión, en hechos que pasaron... Trata de la dificilísima relación que tuvieron mientras rodaban ¿Qué fue de Baby Jane? Una y otra sentían el cine, la interpretación, de forma muy distinta. Bette venía de una familia acomodada, con cultura y sensibilidad artística, y consideraba a Joan, que venía de una familia muy pobre y había empezado bailando, una estrella construida por los estudios... No casaban, eran como el aceite y el agua. Nuestra intención es que la obra gire, primero en catalán y luego en castellano, pero aún tienen que verla los programadores y no sabremos cuándo podrá ser...

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