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Cultura

Víctor Ullate celebra en Sevilla el cuarto de siglo de su Ballet

  • La formación del bailarín recala mañana y el sábado en el Lope con un programa de cuatro coreografías muy diferentes

El Ballet de Víctor Ullate visita mañana y el sábado Sevilla, una parada en la gira que comenzó el pasado año en los madrileños Teatros del Canal para celebrar el 25 aniversario de la compañía. Algo realmente extraordinario si se piensa en las dificultades que atraviesa la danza en nuestro país, especialmente cuando se trata de una compañía privada con más de veinte bailarines en su nómina.

Pero Víctor Ullate reúne en su persona, junto a una férrea disciplina y un gran talento para la coreografía, un tesón que muchos, en broma o en serio, relacionan con su origen aragonés.

Alumno de la recientemente fallecida María de Ávila, Ullate entró con apenas 17 años en el célebre Ballet del Siglo XX del maestro Maurice Béjart y allí permaneció, como primer bailarín en los últimos años, de 1964 a 1979, año en que decidió regresar a España para hacerse cargo del Ballet Clásico Nacional que el Ministerio de Cultura acababa de crear. Una institución que más tarde se dividiría en dos brazos: el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza, que también visitará Sevilla el mes próximo, ahora bajo la dirección de José Carlos Martínez.

Tras abandonar la compañía pública y preocupado por la enseñanza de la danza, uno de sus grandes caballos de batalla, el zaragozano fundó la Escuela de Danza Víctor Ullate, un centro en el que se ha formado la mayor parte de los bailarines que pueblan hoy las grandes compañías internacionales -Tamara Rojo, Lucía Lacarra, María Giménez o Igor Yebra entre otros- y del que surgiría de manera natural, cinco años más tarde, su propio Ballet.

El Ballet de Víctor Ullate se presentó en 1988 en el Teatro Arriaga de Bilbao con un elenco de 22 bailarines, la mayoría procedentes de su propia escuela, y desde ese momento no paró de crecer y de atesorar un original repertorio en el que la danza clásica, neoclásica y contemporánea se dan la mano con un especial estilo lleno de dinamismo y de frescura. En 1997, la compañía pasó a apellidarse Ballet de la Comunidad de Madrid y en 2000 se creó la Fundación para la Danza Víctor Ullate desde la que el creador fomenta el desarrollo y lucha para superar las dificultades que se ciernen sobre este frágil y universal arte.

En estos 25 años, el público sevillano ha tenido ocasión de admirar, en diferentes escenarios, los trabajos que, poco a poco, iba realizando la compañía. Entre ellos: Arraigo, Giselle, Arrayán Daraxa, De Triana a Sevilla, El Sur (con canciones de Enrique y Estrella Morente) y Coppelia. Ullate, Premio Nacional de Danza y poseedor de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, ha publicado recientemente también una autobiografía titulada La vida y la danza.

El espectáculo que se verá en el Lope de Vega está compuesto por cuatro coreografías muy diferentes. La primera, Jaleos, es uno de los buques insignia del Ballet desde que se estrenó en el City Center de Nueva York en 1996. Firmada por el propio Ullate con la música de uno de sus colaboradores habituales, Luis Delgado, basada en el ritmo de la bulería, la pieza es un alarde de dinamismo y exige una altísima formación técnica de los bailarines, quienes, además de las claves de la danza contemporánea, deben poseer un dominio absoluto de las puntas que caracterizan a la danza clásica.

Junto a Jaleos, bien conocida de los aficionados sevillanos, que han tenido ocasión de verla por ejemplo en el Patio de las Chimeneas de La Cartuja durante el Festival de Itálica de 2007, la compañía interpretará Y, un dúo masculino inspirado en las Canciones de un compañero errante de Gustav Mahler y firmado por Eduardo Lao, el que fuera bailarín principal de la compañía y hoy es su director artístico. Après Toi, compuesta por Víctor Ullate tras el fallecimiento de Béjart en 2007 es un solo que se envuelve en la música de la Sinfonía nº 7 de Beethoven, pues para Ullate existe un paralelismo inevitable entre la música del compositor alemán y la delicadeza, la genialidad y la magnificencia que caracterizaban la personalidad de su maestro. Y para cerrar, una nueva versión del Bolero de Ravel, que tiene como escenario un café modernista de los años 20, recreado gracias al trabajo del escenógrafo Paco Azorín y a un sofisticado vestuario de Ana Güell.

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