Idrissa, crónica de una muerte cualquiera | Crítica SEFF

Cómo ir del activismo a la mirada

Muros y alambradas que separan dos mundos. Otra imagen de 'Idrissa, crónica de...'. Muros y alambradas que separan dos mundos. Otra imagen de 'Idrissa, crónica de...'.

Muros y alambradas que separan dos mundos. Otra imagen de 'Idrissa, crónica de...'.

La realidad siempre es más tozuda, compleja y opaca de lo que cualquier documental, por muy comprometido, solidario y activista que este sea, puede llegar a revelar. Es más, como ocurría en aquella celebrada, efectista y tendenciosa Ciutat morta, empeñada en salvar de la supuesta injusticia al antisistema Rodrigo Lanza, ésta acabaría cobrándose una enrevesada factura que ha vuelto a dar con el sujeto en la cárcel acusado de otro asesinato.

Algo parecen haber aprendido desde entonces Xavier Artigas y Xapo Ortega (Tarajal: Desmontando la impunidad en la frontera sur), que rebajan aquí la artificiosidad del aparato retórico, incluso las labores de investigación profunda (excusadas con rótulos), para denunciar la situación de los inmigrantes africanos que llegan a los CIE españoles a través de Idrissa Diallo, un joven guineano fallecido en 2012 en circunstancias no aclaradas sobre cuyo caso hacen caer todas las vergüenzas y responsabilidades de un Estado abstracto dibujado como figura omnipotente de opresión racista.

Y han aprendido al menos a dejar a un lado la inercia panfletaria para traducir cinematográficamente, en plano sostenido, una única idea verdaderamente nítida y valiosa: que todo hombre tiene derecho a ser enterrado con dignidad junto a los suyos.