Mariano Bellver Una figura imborrable

  • El alcalde de la ciudad, Juan Espadas, dedica en este texto una emocionada despedida al gran coleccionista y mecenas local

Mariano Bellver y Juan Espadas se saludan durante una visita a la Casa Fabiola en octubre de 2016. Mariano Bellver y Juan Espadas se saludan durante una visita a la Casa Fabiola en octubre de 2016.

Mariano Bellver y Juan Espadas se saludan durante una visita a la Casa Fabiola en octubre de 2016. / Antonio Pizarro

Mariano Bellver se ha ido y deja a Sevilla huérfana de su dedicación y su generosidad. Sevilla afronta ese enorme vacío que dejan las figuras que, por el mero hecho de haber vivido conforme a sus convicciones, se convierten en personas que trascienden lo cotidiano. Don Mariano ha conseguido eso desde la sencillez y la vocación que él supo unir para el bien de todas aquellas personas que hemos tenido la fortuna de conocerlo.

Quiero recordar esa mezcla de cariño y admiración que su trato a la vez formal y cálido me hacía sentir cada vez que abordábamos la realización de ese emblema de la generosidad que es, hoy, la Casa Fabiola, donación de Mariano Bellver.

Estoy seguro de que uno de los mayores privilegios que la vida como cargo público y como alcalde de mi ciudad me ha deparado fue la noche en la que Bellver, doña Dolores y yo descubrimos su colección dentro de ese gran envoltorio de regalo a Sevilla que es la Casa Fabiola. Un lugar que siempre será su casa, porque eso quisimos que fuera, un espacio en el que siempre habitará este mecenas irrepetible.

Sé que, con su alma generosa, don Mariano no querría trascender en las futuras generaciones más que a través del arte que con tanto cariño recopiló y atesoró su familia. Pero también sé que difícilmente podrá el tiempo emborronar el recuerdo de su figura. Su vida ha sido un continuo ejercicio de entrega.

Un prohombre que nunca cedió al cansancio ni al conformismo, que vivió fiel a su vocación de maestro en su colegio San Juan Bosco. Un profesor eterno, que nunca supo ni quiso dejar de enseñar y de entregarse a los demás. Siempre queriendo compartir lo mejor que lega la civilización humana, que es precisamente el arte.

Escribió Leon Tolstoi que "no hay más que un modo de ser felices: vivir para los demás", y eso es lo que don Mariano nos ha enseñado con su sencillo ejemplo. No puedo evitar recordarlo paseando entre sus obras, siempre ávido de revelar detalles y matices, con los ojos brillantes de emoción. Siempre profundizando, aunando y ordenando la belleza del arte, para que el resto de la sociedad podamos acceder a ella. Pura generosidad.

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