Dos glorias de la polifonía sevillana
Qvinta Essençia | Crítica
La ficha
QVINTA ESSENÇIA
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XLIII edición del Festival de Música Antigua de Sevilla (Femás'26). Qvinta Essençia: Èlia Casanova y Olalla Alemán, sopranos; Hugo Bolívar, alto; Albert Riera, tenor; Oriol Mallart, barítono; Pablo Acosta, bajo.
Programa: Maria Magdalene
Francisco Guerrero (1528-1599): Maria Magdalene a 6 [Motecta, liber primus motectorum, 1570]
Alonso Lobo (1555-1617): Missa Maria Magdalene a 6 [Liber primus missarum, 1602]
Alonso de Tejeda (c.1540-1628): Mulier quae erat in civitatem peccatrix a 4 [Liber primus motectorum, 1602]
Antonio Cebrián (siglo XVI): Lágrimas de mi consuelo a 4 [Cancionero de Medinaceli]
Francisco Guerrero: Ave Maria a 4 [Motecta, liber primus, 1566]
Juan Vázquez (c.1500-1563): Lágrimas de mi consuelo a 5 [Recopilación de sonetos y villancicos, 1560]
Juan Esquivel (c.1560-c.1624): Laudemus Deum nostrum a 4 [Motecta festorum et dominicarum, 1608]
Francisco Guerrero: Ave Virgo sanctissima a 5 [Liber primus missarum, 1566]
Juan Vázquez: Hermosísima Maria a 5 [Recopilación de sonetos y villancicos, 1560]
Lugar: Iglesia de San Luis de los Franceses. Fecha: Domingo, 8 de marzo. Aforo: Lleno.
Qvinta Essençia se presentó en el Femás con un concierto articulado en torno a la figura de María Magdalena y a una de las misas más imponentes del repertorio hispánico de finales del Renacimiento: la Missa Maria Magdalene a seis voces del ursaonense Alonso Lobo, construida a partir del motete homónimo de Francisco Guerrero, quien fuera su maestro en la Catedral hispalense. La propuesta –con otras piezas de Guerrero y de compositotres del tiempo intercaladas entre los números de la misa– implicaba no poco riesgo, pues la escritura a seis partes de Lobo –de gran densidad contrapuntística y amplios desarrollos imitativos– exige una afinación muy sólida, un equilibrio minucioso entre las voces y una gran claridad articulatoria. Fue justamente la transparencia textural una de las principales virtudes mostradas por el conjunto, por encima incluso de un correcto empaste y de un equilibrio que privilegió siempre el brillo de las voces agudas, pues el perfilado por los graves pareció siempre demasiado sutil y un punto vaporoso (Pablo Acosta es quizás mas barítono que bajo). En momentos como el Crucifixus o el Benedictus de la misa, que son a 4, sin las dos voces graves, la sensación se incrementaba. Por suerte, las dos sopranos del grupo (Èlia Casanova y Olalla Alemán) estuvieron espléndidas y eso favoreció la sensación de brillo y plenitud que transmitió el recital.
Al margen de algún titubeo en las entradas del Ave Virgo Sanctissima de Guerrero, una de sus antífonas marianas más conocidas y encantadoras, o del Agnus Dei de la misa, Qvinta Essençia transmitió una notable sensación de seguridad y de control, aún mayor en las piezas a cuatro, Mulier quae erat de Tejeda, el Ave María de Guerrero o el Laudemus Deum nostrum de Esquivel. El conjunto aprovechó además Lágrimas de mi consuelo, una canción incluida en el Cancionero de Medinaceli, a 4 y mucho más homofónica, para buscar la variedad mediante la adición de voces sucesivas en cada estrofa: empezó Èlia Dasanova en solitario y fueron sumándose los demás. La cosa cambió cuando hicieron ese mismo texto con la música a 5 de Juan Vázquez: un comienzo oscuro (por los graves) y algo más de polifonía real (aunque lejos de la misa de Lobo y los motetes de Guerrero) le dio hondura emotiva al poema. El final con Hermosísima María a 5, también de Vázquez, se planteó como algo parecido a un juego, con las dos sopranos colocadas en los extremos del grupo y alternando su parte (o doblándola) en una especie de sugestivo balanceo de la voz superior.
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