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Una serie de poemas que convierten

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Isaac Álvarez Félix, escritor y crítico, publica 'Transmutación' (editorial Maclein y Parker), un conjunto de poemas en los que destaca una mirada original y rupturista

Jorge Corrales: “El placer de leer y la literatura reflexiva pueden ir de la mano”

El escritor y crítico Isaac Álvarez Félix / M.G.

La ficha

'Transmutación'. Isaac Álvarez Félix. Macklein y Parker. 2025. 68 págs. 12,98 euros

La poesía quizá sea un artificio del lenguaje con el que damos un nombre a lo que ya está nombrado; o quizá sea una expresión con la que volvemos a definir lo que ya está definido; o quizá sea una cultura inherente del idioma que consiste en descubrir lo conocido desde un ángulo en el que nadie había indagado. La poesía quizá sea un equilibrio en el que el objeto –el asunto, el pasaje, la reflexión- es el mismo y no es el mismo. Un poema quizá sea un discurso que todo lo renueva y que a su vez todo lo mantiene. Un poema consistiría, no sé, en ponerle una palabra a eso que no tiene una palabra y que sin embargo hemos conocido –el afecto, la memoria, el tiempo, la plenitud-.

Se balbucean estas vaguedades –estas tonterías torpes- al leer el último poemario del escritor y crítico Isaac Álvarez Félix –accésit del VII Premio Florencio Quintero de Poesía Joven; X Premio de Poesía Noches del Baratillo de Sevilla-. En Transmutación (editorial Maclein y Parker) se aprecia una poesía que se detiene en lo de siempre, pero nos lo expresa desde ese ángulo renovado, original, propio. Un ángulo que nos recuerda a la tradición expresionista, con García Lorca o con Gottfried Benn, en esa sucesión de imágenes que coinciden en la crudeza, en la imaginación, en lo desconcertante, en lo visceral e incluso, más puntual, en lo creepy.

Se inicia esta propuesta de Álvarez Félix con una inspiración de la noche. Ese concepto que sustenta un itinerario de la historia de nuestra literatura: de los renacentistas a los románticos, de los barrocos a los últimos discípulos de la experiencia. La noche ha servido, en cada escuela y en cada tiempo -cada uno con sus intenciones y sus intereses-, como instrumento elemental con el que moldear la materia de la poesía. Escribe el autor en el primer poema del conjunto: “esta noche / de ratones y egagrópilas de huesos / sin hacer y de caimanes esta noche / que acecha en el pecho y donde aún / no tenemos nombre ni hambre ni labios / de cadmio ni pestañas esta noche / volveré al agujero que escarbé en la piedra / con las manos desnudas a buscar / el deshielo metálico que me ayude / a malvivir (…) / esta noche el sacrificio renacerá eterno y volveré / como un uróboro / a moderme la cola en un círculo infinito / así sea”.

Poemas que contienen lo esencial de cualquier poema; es decir, ese artefacto que convierte lo conocido, y que por tanto, al leerlos, convierte –transmuta- nuestra mirada sobre lo conocido"

Isaac Álvarez Félix, en Transmutación se introduce en ese “círculo infinito” –ese idioma de siglos, con los temas de siempre-, pero renovando los contornos. Se escribe sobre lo escrito, aunque aquí todo tiene impresión de primera vez. La poesía quizá sea decir lo de siempre pero como si se sonara a primera vez, a algo que nadie ha pronunciado –esta idea sospecho que la estoy plagiando de otros que la perfilaron mucho mejor-. Es el caso del poema Artefactos que explotan, que cierra así: “el problema es el origen quizá / mi cuerpo es el culpable quizás todo / es química núcleos átomos protones / que huyen que transmutan que se vierten / en el vacío de mi existencia y todo / lo que quiero todo lo que amo todo lo que intento / explota ante esa verdad ineludible / que nadie se atreve a confesarme”.

Esa “verdad ineludible” se ubica a lo largo del poemario en diferentes hallazgos. Por ejemplo, en el poema Selfi. Un asunto manido –de hecho la palabra suena ya a moda pasada- en el que el autor nos sorprende, convirtiendo el tópico en revelación, siguiendo ese consejo de Borges: decir asombro donde otros ven la costumbre. “Enséñame la foto truco trampa / esa en la que aparezco / ya de viejo / pero hoy es hoy y la foto es de ayer / la pantomima de la pose se vuelve perpetua (…) / que no yo era fui ayer ni seré hoy soy nada / ni seré nadie”.

Otros aciertos que se podría subrayar en Transmutación: los ritmos –lo advierte el músico Pablo Peña en el prólogo-, la fractura de la sintaxis o la supresión de la puntuación, lo que proporciona a los poemas esa música acelerada y ese tono de agitado carrusel de imágenes –similar a la tónica del lenguaje audiovisual de redes sociales-. Y entre todas estas cuestiones más o menos contemporáneas, más o menos actualizadas, unos poemas que contienen lo esencial de cualquier poema; es decir, ese artefacto que convierte lo conocido, y que por tanto, al leerlos, convierte –transmuta- nuestra mirada sobre lo conocido.

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