Las mil caras del curioso cura pelirrojo
IL GIARDINO ARMONICO & JULIA LEZHNEVA | CRÍTICA
La ficha
*****Femàs 2026. Programa: Sinfonía, conciertos y arias de ópera de Antonio Vivaldi. Soprano: Julia Lezhneva. Flauta dulce y dirección: Giovani Antonini. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Domingo, 8 de marzo. Aforo: Tres cuartos.
Descomunal. No hay otra palabra para definir la actuación de Julia Lezhneva, quien tras un largo y complicado recital con nada menos que diez arias nada fáciles de Vivaldi, se despachó un turno de propinas de otras seis, del propio Vivaldi y de Haendel. Y entre ellas algunas de las más terroríficas (“Agitata da due venti”, “Son qual nave” y “Un pensiero nemico di pace”) y también de las más delicadas (“Lascia la spina” o “Tu del ciel ministro eletto”). Total, tres horas justas de concierto y la soprano rusa como si nada. Tal despliegue de entereza vocal y de entrega al público se sostuvo sobre una voz que se mueve con fluidez y equidad de apoyo por todos los registros, con un centro y un grave plenamente cubiertos (de hecho, en sus inicios abordó papeles de mezzosoprano rossiniana) y unos buenos agudos, aunque en las notas más altas (en "MiNIStro eletto") se notaba falta parcial de cobertura, quizá ya por cansancio tras tan largo recital. Lezhneva domina totalmente la técnica de emisión y de apoyo diafragmático, lo que le posibilita adentrarse de forma espectacular en el mundo de las intrincadas coloraturas vivaldianas, con impresionantes tiradas de semicorcheas en larguísimas frases sostenidas sobre un fiato magistral. Es lo que se pudo comprobar en la messa di voce con la abordó la primera frase de "Alma oppressa" o algunos larguísimos sonidos sostenido en pianissimo en "Anderò, volerò, griderò". Pero también supo recoger la voz y sostenerla por debajo del piano, a flor de labios, con un canto mórbido y delicado capaz de conmover sin remedio mediante una sutílisma acentuación. Tema éste de la expresividad de su acentuación que hizo de "Gelido in ogni vena" un momento de especial impacto emocional, atacando el aria en un sutil pianissimo para luego crecer la voz gradualmente La suma delicadeza en la emisión y el fraseo caracterizaron sus versiones de “Sposa son disprezzata” y de “Zeffiretti che sussurrate”.
Antonini comandó con energía, riqueza de contrastes dinámicos y un empaste sobresaliente a Il Giardino Armónico, que respondió con un sonido rico en colores y sutilidades tímbricas, como las del inicio instrumental de "Gelido in ogni vena", con sonido quebradizo casi sostenido sobre armónicos. Antonini mostró seguir teniendo agilidad en los dedos a la hora de tocar la flauta dulce con su ultraormentada versión del concierto "Il Gardellino".
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