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Análisis

Dra. Sabina Rossini Oliva / Dr. Rafael López Núñez

Investigadora del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Sevilla / Investigador del CSIC-IRNAS

Sobre los huertos del Parque Guadaira

Los dos investigadores aconsejan estudiar la cantidad y profundidad de los restos de uralita hallados en esta zona verde y analizar bien los suelos elegidos para huertos Detectan amianto en las parcelas de los huertos del Parque del Guadaíra

Parte de los huertos del Parque del Guadaíra, junto al Polígono Sur.

Parte de los huertos del Parque del Guadaíra, junto al Polígono Sur. / Juan Carlos Muñoz

Los huertos urbanos del Parque de Guadaira son objeto de preocupación tanto para los hortelanos como por parte del Ayuntamiento desde que se encontraron restos de uralita en algunas parcelas. Investigadores del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Sevilla junto con investigadores del CSIC-IRNAS llevamos más de un año estudiando la posible contaminación en distintos huertos urbanos, tanto de Sevilla como de otras ciudades.

"No conocemos con precisión la cantidad de uralita, material que contiene una proporción de amianto, encontrada en las parcelas ni si ésta se ha fragmentado, pero está claro que este riesgo existe".

Justamente en septiembre pasado llevamos a cabo un muestreo, tanto de suelos como de hortalizas, en varias parcelas de este huerto. En concreto, se tomaron 18 muestras de suelo para su posterior análisis de distintos metales pesados y metaloides.

Los resultados obtenidos, incluso en una de las parcelas donde se ha encontrado uralita, indican que no hay valores elevados de ninguno de los elementos analizados (entre ellos Arsénico, Cromo, Níquel, Plomo, Zinc y Vanadio). En cuanto a los resultados de las distintas hortalizas tampoco hay datos preocupantes.

Nuestros resultados indican por lo tanto que no hay problemas de contaminación por metales pesados ni en suelo ni en general en plantas. Además las plantas, según su especie, tienen distintos mecanismos para bloquear el transporte de elementos potencialmente tóxicos a la parte aérea. Esto impide que, en las especies cuya parte comestible son hojas o frutos, se acumulen cantidades elevadas de los elementos tóxicos, incluso cuando la concentración en el suelo fuera elevada. Nuestros resultados justamente indican que cada especie acumula de forma distinta y que en general las plantas de hojas grandes son las que más tienden a acumular elementos potencialmente tóxicos.

"En cualquier caso aconsejamos en que, por mayor precaución no se debería arar el terrero con mula mecánica, para evitar el riesgo de desintegración de la uralita y la dispersión de amianto en el aire"

En cuanto al problema del amianto, como se ha indicado en el artículo publicado el 22 de febrero en este periódico, el problema no es por su acumulación en la planta, sino por el posible riesgo de inhalación directa. No conocemos con precisión la cantidad de uralita, material que contiene una proporción de amianto, encontrada en las parcelas ni si ésta se ha fragmentado, pero está claro que este riesgo existe.

La solución que se ha sugerido al Consistorio es aportar tierra vegetal en un espesor de al menos 25 cm. sobre la superficie de los huertos. Las operaciones manuales de cultivo que se realizan en los huertos urbanos no requieren profundizar más, con lo cual no hay que esperar problemas.

Si la uralita, como indica el Ayuntamiento, se encuentra enterrada a más de 30 cm. esto sería suficiente. Consideramos que éste es justamente el estudio que se debería hacer: comprobar que cantidad y cómo de fragmentados están los trozos de uralita y a qué profundidad se encuentran.

Lo que nosotros en cualquier caso aconsejamos en que, por mayor precaución no se debería arar el terrero con mula mecánica, para evitar el riesgo de desintegración de la uralita y la dispersión de amianto en el aire.

Con respecto al problema de la grama que se ha indicado en al artículo, dudamos mucho que esto pueda representar un problema, ya que en un suelo regado más del 80% de las raíces no llegan a gran profundidad.

Los casos de contaminación que se han detectado en éste y otro huerto urbano de Sevilla, en cualquier caso, demuestran que se deberían elegir cuidadosamente los emplazamientos para los mismos, analizando previamente sus suelos pero también recopilando la información del uso previo que el terreno haya tenido.

Desafortunadamente, los vertidos incontrolados de escombros, basuras, mobiliario, aceites industriales, etc., han sido habituales en nuestras ciudades y pueblos durante décadas y pueden existir emplazamientos en las zonas de expansión urbana que estén contaminados en mayor o menor medida.

Por nuestra parte intentamos conseguir financiación para un estudio completo de los posibles riesgos de contaminación en los huertos urbanos de Andalucía, ya que no podemos olvidar que además de la contaminación procedente del suelo (algo que hemos observados en la zona de Riotinto) también la contaminación atmosférica puede representar un factor importante para la contaminación en huertos.

Rossini es investigadora del Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Universidad de Sevilla

López es investigador del CSIC-IRNAS

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