La esquina

josé / aguilar

Alcaldes que no roban, pero...

LA quinta ciudad de Andalucía sufre el estigma de tener a dos ex alcaldes condenados, uno en la cárcel y otra arrastrando dos condenas que ha recurrido. Pedro Pacheco y Pilar Sánchez gobernaron Jerez por separado, con sendas mayorías absolutas, y también conjuntamente gracias a un pacto que acabó como el rosario de la aurora.

Pilar Sánchez es socialista -ahora de baja, tras su primera sentencia- y Pedro Pacheco es andalucista, aunque multiforme: Partido Socialista de Andalucía, Partido Andalucista, Partido Andaluz de Progreso han sido sus siglas sucesivas, antes de fundar su propio partido, directamente pachequista, con el nombre de Foro Ciudadano. Sánchez estuvo de alcaldesa un rato en comparación con Pacheco, que ha sido uno de los alcaldes andaluces más duraderos de la democracia (de la cosecha del 79).

La defensa de ambos ante su delicada situación judicial presenta una característica común: los dos argumentan que no son culpables de corrupción política, puesto que no han robado de las arcas públicas que gestionaban. A Pacheco lo condenaron por contratar ilegalmente como asesores municipales a dos compañeros de partido. Sánchez lo fue por usar fondos del Plan E para pagar nóminas del Ayuntamiento y, ahora, también por favorecer irregularmente con una subvención a una empresa a la que no le correspondía recibirla.

En efecto, de ninguno de los dos puede afirmarse que usaran su cargo de alcalde para enriquecerse. No metieron la mano. Pero sí metieron la pata, y eso es lo que los tribunales han venido a confirmar y subrayar. Cometieron delitos ciertamente graves: prevaricación, malversación, falsedad en documento oficial y desviación de fondos. Los tres primeros, coincidentes en los dos ex regidores municipales. Delitos perseguibles de oficio siempre y que, con la sensibilidad desarrollada en los últimos años en la sociedad y en la Justicia frente a la corrupción de los cargos públicos, no hay tribunal en España capaz de contemplar sin estricto rigor. Hace diez años las cosas habrían sido diferentes.

¿Y no les sirve de nada su notoriedad pública, honradez personal y apoyo popular? Atentos a lo que dice el Supremo en su rechazo al indulto que ha pedido Pacheco: "Nada lesiona más la confianza de los ciudadanos en sus instituciones que ver a sus elegidos que de guardianes de la legalidad se convierten en sus vulneradores por el ejercicio arbitrario del poder". Es lo que hay.

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