Los Álvarez Quintero no tienen un teatro

El Álvarez Quintero fue el lugar que acogía el mejor teatro que se hacía en España

Quizás ha llegado el momento de valorar la obra dramática de los Hermanos Álvarez Quintero sin prejuicios ideológicos ni complejos de inferioridad porque sus personajes y temas sean fundamentalmente andaluces. Me consta que en el ámbito universitario relevantes investigadores ya están en ello. Casualmente, o puede que no, algunos de los más importantes estudiosos de los Álvarez Quintero en la actualidad no son andaluces. Pero no es de eso de lo que quiero escribir hoy. Ya habrá momentos para hacerlo con más atención.

Hoy quiero contarles que nuestros principales dramaturgos no tienen un teatro con su nombre en Sevilla. Y lo han tenido. Y un precioso teatro, además en pleno centro de la ciudad. No voy a entrar en quién, cómo y cuándo el Teatro Álvarez Quintero de Sevilla dejó de ser un teatro en toda la extensión del término y dejó de llevar el nombre de los ilustres escritores sevillanos. Como dice el refrán, entre todos la mataron y ella sola se murió. El edificio está en uso como centro cultural, pero apenas su sala recuerda sus momentos de esplendor. El resto se perdió, como su nombre en grandes letras que fue eliminado de la fachada: Teatro de Álvarez Quintero. Afortunadamente se mantiene en lo alto el hermoso símbolo con que los hermanos se identificaban, una barca con dos velas. Siempre firmaron sus obras los dos y así continuó haciéndolo Joaquín tras morir su hermano Serafín.

Un teatro que la familia Luca de Tena quiso que Sevilla tuviera, primero con proyecto de Aníbal González y definitivamente diseñado y construido con gran maestría por Rodrigo y Felipe Medina Benjumea. Con un aforo para 928 espectadores, tenía un escenario dotado de los últimos adelantos técnicos de su tiempo. Sus camerinos tenían baños, calefacción y refrigeración. Incluso contaba con un quirófano, según nos cuenta Julio Martínez de Velasco. Inaugurado el 12 de octubre de 1950, con la obra de los Álvarez Quintero Ventolera, durante años fue administrado por la misma empresa que el Teatro San Fernando, y hasta su cierre en 1987 fue el escenario de algunos de los grandes estrenos de nuestro mejor teatro. Baste recordar, por ejemplo, la Yerma de Lorca, dirigida por Víctor García y protagonizada por Nuria Espert y con la maravillosa escenografía de Fabiá Puigserver; el Sócrates de Enrique Llovet, dirigido e interpretado por Adolfo Marsillach; y Luces de Bohemia de Valle Inclán, dirigida por José Tamayo y con José María Rodero en el papel de Max Estrella. Tres simples ejemplos, pero significativos, para mostrar que el escenario del Teatro Álvarez Quintero, en tanto existió, fue el lugar donde se representaba el mejor teatro que se hacía en España.

Hoy el nombre de los hijos predilectos de Sevilla, que tanto amaron a esta ciudad, no figura en la marquesina de ningún teatro sevillano. ¿Es posible que el Teatro Álvarez Quintero recupere su nombre para todo el edificio cultural, con respeto a los usos y nombres que ya alberga?

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