La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Auditoría del pescuezo en la plaza de Sevilla

El burladero y el palco de los mangazos para políticos de la Junta deberían estar vacíos en el abono del septiembre de Sevilla

Auditoría del pescuezo en la plaza de Sevilla

Auditoría del pescuezo en la plaza de Sevilla

Este septiembre es más taurino que nunca en Sevilla, pues don Ramón Valencia apostó por revestir de San Miguel el abono de abril. La Junta no concedió facilidades entonces para que los espectáculos fueran mínimamente rentables, cosa que sí se podrá lograr ahora. Faltó en primavera cuarto y mitad de valentía política, pues el empresario ofreció hasta más garantías de las debidas. Tras aquella jugarreta y la que ha liado la consejera de Igualdad a cuenta de los enanos toreros, habrá que mirar con lupa quién tiene redaños de ocupar los callejones y otras localidades de mangazo reservados a la Junta. A muchos de nuestros políticos les encanta acudir de válvula a los toros con los codos bien apoyados.

La ignorante consejera de Igualdad no supo el charco donde se metía. De toros, ni pajolera idea. De historia de los orígenes del espectáculo de los enanos toreros, menos aún. La sacas del troquel de lo políticamente correcto, del sota, caballo y rey del todos y todas y esas obviedades, y la señora se pierde. Es una política del siglo XXI nunca mejor dicho. Mi dilecto Elías, que tiene las competencias taurinas, está más callado con el asunto que cuando Morante torea con hondura. Por eso ya se canturrea en San Telmo con tono gregoriano: "Elías Bendodo, el más listo de toooodos". El PSOE le va a buscar las cosquillas con Acosol, la empresa del agua en la que la Diputación de Málaga tiene mucho que ver. Pero volvamos al septiembre sevillano cargado de festejos taurinos, donde la Junta debería dejar vacías sus localidades, o nos forzarán a realizar la auditoría del pescuezo de la plaza de la Real Maestranza. Todavía recuerdo al consejero socialista que invitó de forma insistente a un canónigo de la Catedral a sentarse a su lado. El sacerdote se lo tuvo que dejar claro al baranda: "Que me quedo donde estoy. Mi palco es vitalicio, mientras el tuyo es para cuatro años en el mejor de los casos".

Veías a Juan Marín pegando el mangazo en el callejón de El Puerto de Santa María el pasado agosto y hasta te acariciaba el rostro una brisa de ternura. Tic, tac, vicepresidente. Marín consentía las arremetidas de su consejera de Igualdad contra los indefensos enanos -por los que a algunos les entró una súbita y sospechosa preocupación- al mismo tiempo que estaba de gorra en un festejo de relumbrón. Nada de extrañar si es el mismo tipo que no se ha enterado de la llamada administración paralela hasta que ha llegado al Gobierno. Antes, cuando apoyaba a Susana Díaz, no tenía ni pajolera idea. Se llama tenerla de hormigón. Me sumaré al canturreo: "Elías Bendodo, el más listo de toooodos". Si es que mi Elías sabe que en los toros hay que estar callado. ¡Vivan los buenos aficionados!

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