Coge el dinero y corre

fede / durán

'Catalunya ens roba'

EL nacionalismo catalán, reconvertido en independentismo hace poco más de un año, esgrime la pela como gran razón para romper con el resto del país. Los flujos entre lo que aporta y lo que recibe Cataluña (las célebres balanzas fiscales) son un arcano porque cada método depara cifras en función del interés del interesado. Es obvio, no obstante, que la comunidad inyecta más de lo que obtiene sencillamente porque, como Madrid o Baleares, se trata de una región más rica que el promedio. También es obvio, aunque allí se silencie, que el ahogo actual de las finanzas catalanas no es endosable al 100% (tampoco al 75% ni al 50%) a la clase política nacional. Desde 1978, primero con Pujol, después con Maragall y Montilla y finalmente con Mas, Cataluña ha querido vestirse de Estado, con el consiguiente sobreesfuerzo: en vez de aprovechar las embajadas españolas, creaba sus oficinas en rutilantes destinos como Nueva York (la Junta hizo lo mismo). Conformarse con la estructura común de agencias, empresas y órganos consultivos se consideraba un recurso de regiones sin alma como Murcia o Extremadura, subproductos del café para todos que al final han caído en lo mismo. Había que duplicar; había que traducir; había que emular los defectos seculares a la catalana, y bien que se supo hacer: Cataluña es, con un estilo menos burdo que Valencia o Andalucía, el chiringuito más corrupto de la Península, uno exclusivo y excluyente: sólo las familias del Gran Líder, sólo los incondicionales de CiU tenían acceso a la contraseña del robo. En nombre de la patria, por supuesto.

Mas y CiU han cometido dos errores de bulto. Uno les afecta sólo a ellos: han alimentado, desde sus poderosas redes mediáticas, el estribillo más efectivo del nacionalismo en siglo y pico de historia: Espanya ens roba. Tan efectivo ha sido, tan ubicuo y feroz, que el independentismo es hoy la opción favorita de una mayoría social. Y aquí viene el sopapo, porque para pilotar ese proceso, el elector sabe que ERC mostrará unas manos mucho más firmes al volante del proceso. CiU se ha condenado a sí misma al romper la baraja de la moderación y pretender ganar a Esquerra con sus mismas armas (matiz: las bases de Unió, la pata democristiana de la coalición, son cada día más secesionistas, pero sus dirigentes todavía no).

El segundo error perjudica al conjunto hispano, al mapa sin tachaduras que esquiva TV3 en sus pronósticos del tiempo. Admitámoslo: un país fragmentado, sometido al freno del castellano (tan aparentemente expandido por el mundo, tan de moda) y a la heterogeneidad normativa; un país que además luce tasas de paro indecentes, corrupción generalizada, un sistema bancario saneado sólo a medias y precios dignos del Verdadero Primer Mundo es un país feo, imprevisible e impermeable a la inversión extranjera. Entendamos como tal no la morterada improductiva del señor Adelson sino aterrizajes de satén como serían los de Google, Apple o empresas equivalentes a igual o menor escala; o simplemente el dinero dispuesto a generar riqueza sin trampas.

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