Cucurrucucú (sin palomas)

La intemperie pero, sobre todo, el efecto excrementicio de las palomas han deteriorado el valioso relieve de Ocampo

15 de diciembre 2021 - 01:45

Al parecer el convento de Santa Isabel, sito en la serena collación de San Marcos, promueve una rifa solidaria para ayudar a su restauración. El pintor José Cerezal ha donado dadivosamente un cromático cuadro dedicado a la plaza homónima que se sorteará para la ocasión. Las religiosas del cenobio, que en su día fuera Casa de Arrepentidas, pretenden sacar fondos con los que reparar la degradada solería del templo, así como el altorrelieve de la Visitación de Santa Ana, obra magnífica de Andrés de Ocampo, que adorna la fachada lateral del convento que realizara Alonso de Vandelvira.

La intemperie pero, sobre todo, el efecto excrementicio de las palomas han deteriorado el valioso relieve de Ocampo. Tanto es así que parece que a las figuras les hubieran arrojado ácido corrosivo, como suelen hacer los malnacidos con las mujeres. Hemos ido a la bucólica plaza de Santa Isabel para comprobarlo y, de paso, para amenazar a las palomas del lugar alzando una imaginaria carabina por hallarlas culpables del destrozo (incuria política aparte).

Desde hace años las ciudades se plantean acabar con la plaga de palomas urbanas con pienso anticonceptivo y otras medidas de control. La web de este diario preguntó a sus lectores si veían bien acabar de una vez con las colúmbidas. La respetable audiencia votó por liquidarlas, lo que propició, de muy gallardo modo, el grito en cuello de algún que otro faro de la opinión amigo y defensor de la colombofilia. Ha pasado ya un tiempo razonable desde que el Ungido se purificara en el Jordán y del cielo bajara el magma glorioso del espíritu de Dios en forma de paloma. La excusa evangélica ya no soborna más ni a cristianos ni a paganos. Si no exterminarlas, sí conviene reducir al mínimo el número de fétidas palomas y confinarlas en la jaula de la niñez del parque de María Luisa.

Los airados animalistas saltan cada vez que un munícipe hace frente al problema. En Cádiz aparecieron pintadas llamando asesino al alcalde Kichi por aprobar el uso de palomares disuasorios. Nada se supo, por cierto, de aquel rocambolesco plan de destierro de palomas a algún lugar del Levante español que propuso la corporación gaditana y que llamó el interés de la CNN. Al consistorio de Barcelona le cayó una demanda de la llamada Asociación Corazón de Paloma, sin vinculación rociera aparente, por práctica violenta contra las colúmbidas. Que el espíritu de la razón impere sobre el soborno del Espíritu Santo en forma de alegórica paloma. Por otra parte, el ajuar en torno al icono de la paz también debería renovarse con urgencia.

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