el poliedro

José / Ignacio Rufino

'In vino veritas', sí

La correlación estadística puede llevarnos a dar por ciertas ciertas relaciones de causa efecto más que dudosas

HACE varias décadas Helen M. Walker describió en su manual de estadística una correlación entre la edad de las mujeres y el hecho de caminar con los pies hacia afuera; como una bailarina en el mejor de los casos, como una oca en el menos bueno. La conclusión aparente era que el envejecimiento arranaba el caminar. Lo que en realidad ocurría es que las mujeres mayores que Walker estudió crecieron en una época en la que a las niñas se les enseñaba a caminar con los pies hacia afuera, lo que no ocurría con las más jóvenes, porque la costumbre había sido superada. Hay ejemplos más actuales de correlaciones absurdas, en las que echamos a pelear estadísticamente la evolución de dos variables que no tienen nada que ver y resulta que se comportan de la mano. Por ejemplo, el número de usuarios de Facebook ha crecido de una manera casi idéntica a la prima de riesgo griega. En Estados Unidos se ha dado otra relación casi gemela entre el número de niñas a las que se le puso el nombre de Ava y el aumento de precios de los inmuebles durante la burbuja inmobiliaria. Tan dados que somos los humanos a la cábala y a confirmar la trascendencia ante nuestra incertidumbre acerca del origen y el fin de la vida, la prosaica estadística está, como vemos, abriendo puertas al ocultismo, a la creencia de presencias invisibles que gobiernan las cosas.

También sucede lo contrario: relaciones indudables que tienen fugas. Por ejemplo con respecto a la obesidad como causa de enfermedades coronarias, cáncer o diabetes, acerca de lo cual hay científicos heréticos que tienen serias dudas. No dispare al pianista todavía si usted es médico o nutricionista; el argumento que sigue es de Gary Taubes, científico y escritor. Dice Taubes que "Durante décadas, los médicos y los gobernantes promovieron entre la población la reducción del consumo de grasas y el aumento de los carbohidratos para prevenir patologías del corazón. La menor incidencia de estas enfermedades por causa de poco consumo de grasa ignora la posibilidad de que otros factores tales como el bajo consumo de azúcar expliquen más y mejor tal causalidad". Permitan otro ejemplo más, este sacado del The Economist de esta semana. (Correlation and causation: In vino veritas, redux). La gráfica no deja lugar a dudas, al menos a bote pronto: en Cambridge, los colleges (facultades residenciales) que dedican mayor presupuesto a comprar vino obtienen mejores resultados académicos. Hip, hip, hurrah. Pero un análisis un poco más profundo de las relaciones entre el pimple y el sobresaliente viene a aguarnos el tinto: hay terceros implicados. Resulta de entrada que los colleges más prestigiosos, con el Trinity a la cabeza, tienen un presupuesto mayor en vino, que no deja de ser una bebida prestigiosa, por lo que se compran más y mejores vinos que en un campus de periferia recién creado. Homerton compra garrafón a una media de 23 libras de mollate por alumno y año, mientras que Pembroke se gasta diez veces más en servirle a sus profesores y alumnos un rico borgoña. Huelga decir que en los colleges más caros y con mayores presupuestos hay alumnos becados mejores y estudiantes con buenas relaciones, que accederán a empleos más exitosos. Hay un factor de género implicado también. Los hombres pijos beben más y más caro, y suelen acceder a puestos mejores tanto por su condición de pijos como por su condición de hombres. Y el remate de la cadena de causa efecto lo pone de nuevo el dinero: las facultades de elite ganan mucho organizando eventos, y esa fuente de ingresos eleva mucho el presupuesto en alcohol. Las conferencias y mesas redondas con buen tinto después son mejores conferencias y mejores mesas redondas.

A ver si con el tiempo vemos cómo, de vuelta a España, la reforma laboral produce la alquimia de fomentar el empleo masivo que necesitamos. Mientras tanto, démonos al tinto con incredulidad y moderación.

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