Pues va a ser Jerez la ciudad elegida para las transmisiones semanasanteras de este año. Serán dos jornadas, las de Jueves y Viernes Santo, y en unas horas muy determinadas. Aunque desde mucho antes de que se inicien las conexiones hasta mucho después de la despedida del comentarista, las imágenes y los nazarenos se pasearán por las calles jerezanas, como por las de toda Andalucía y toda España. Desde que se iniciasen las transmisiones de las procesiones, hace de esto cuarenta años, éstas siempre ha sido un motivo de orgullo para las ciudades elegidas. Al principio eran un tanto rudimentarias, en los setenta, con un blanco y negro austero y unidades móviles que permitían escasísimos registros. De ahí hemos llegado a la sofisticación más absoluta. A las imágenes impecables y los sonidos personalizados. A los travellings que nos permiten saltar literalmente por encima de los pasos y los micrófonos que nos acercan hasta el mínimo susurro. Hubo un año que fue sonado por el regreso de Pilar Miró tras su difícil etapa en el destierro político. Rompió el hielo profesional en Lorca, en unos desfiles procesionales a los que no se han vuelto a asomar las cámaras en directo desde entonces. Esta vez toca Jerez de la Frontera, pero los espectadores entrenados saben que gracias a los canales autonómicos se pueden acercar a muchos más rincones de nuestra geografía procesional. Incluyendo los desfiles de Canarias, los de La Laguna, los del casco antiguo de Las Palmas. La Semana Santa en la calle es mucho más que ese debate sobre lazos sí, lazos no, sobre los que algunos han querido llamar la atención. Y aunque las privadas apenas les dediquen cancha salvo en las alusiones de los informativos, porque el dispositivo es caro, ahí están las públicas para suplir este déficit.

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