En tránsito

Pulsión autodestructiva

España es un país -si es que todavía pueda considerarse un país- poseído por la más terrible "pulsión autodestructiva"

Todos sabemos que hay personas -muchas, muchísimas- que sufren una pulsión autodestructiva: toman siempre las decisiones más perjudiciales para su vida o para su carrera profesional, eligen a la pareja que les pueda hacer más daño (psicológico o incluso físico), se comportan sin calcular jamás los riesgos ni las consecuencias de todo lo que hacen, y por último, eligen por sistema la peor opción vital que les salga al paso. Como es natural, estas personas acaban viviendo una existencia desastrosa, aunque puedan haber creado una obra artística admirable. Y por supuesto, estas personas suelen morir jóvenes después de haber hecho desdichados a sus hijos -si llegaron a tenerlos-, a sus parejas y a sus amigos. Janis Joplin fue así. Charlie Parker fue así. La poeta Anne Sexton fue así. Joseph Roth fue así. Lo fue Chet Baker y lo fue Edith Piaf. Lo fue Alejandra Pizarnik y lo fue Modigliani y lo fueron tantos y tantos más. Todos ellos estaban poseídos por esa pulsión temible que Freud -en ese alemán expresionista que leemos con música de fondo de Schönberg o Alban Berg- llamaba Todestriebe.

Pues bien, parece evidente que España, como país o como lo que sea -ya que es bastante dudoso que todavía pueda considerarse un país-, es un lugar poseído por la más terrible "pulsión autodestructiva". Durante los años de la Transición vivimos un periodo de cordura y de estabilidad mental, es cierto, pero es está claro que aquello fue transitorio y que estamos sufriendo una profunda regresión. Y ahora volvemos a ser el "país de todos los demonios" del que hablaba Gil de Biedma en 1962.

Si no vemos las cosas así es imposible entender lo que está pasando. En plena pandemia, con millones de puestos de trabajo destruidos y millones de familia que lo están pasando muy mal, y cuando el ritmo de vacunación avanza a un ritmo demasiado lento, nuestros políticos -de derechas y de izquierdas y de centro- han empezado a comportarse como locos de atar. Absurdas mociones de censura, convocatorias de elecciones anticipadas, locuras conspirativas, secretos, maniobras orquestales en la oscuridad… Y mientras tanto, aquí estamos los "pringados" de siempre manteniendo en pie -con nuestro trabajo e impuestos- este costosísimo tinglado de una clase política que debería llevar camisa de fuerza. Qué horror, sí, qué horror.

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