Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Queridos hombres de negro

YA están aquí. Los hombres de negro que el irrepetible ministro de Hacienda decía muy ufano que no vendrían nunca, han llegado. Y no van a dejarnos en paz. En su discurso del miércoles Rajoy admitió que no tenía más remedio que hacer los recortes. Que lo obligaban. Tenemos al nuevo presidente en la misma situación que Zapatero en mayo de 2010: en el puente de mando, perfectamente uniformado con sus galones de primer ministro y con un walkie talkie al oído pendiente de las órdenes que le dicta el directorio europeo. Esta orfandad en el liderazgo del país es percibida por el público en general. Los tres años largos de mandato que le quedan a Rajoy, con su flamante mayoría absoluta, se le van a hacer muy largos.

Y, entre tanto, podemos dirigirnos directamente a los hombres de negro sin intermediarios. Por si ellos se orientan mejor en el laberinto español. Tampoco es muy difícil, el anterior Gobierno negó que viniese una crisis gigantesca, adujo que estábamos en una desaceleración pasajera, se resistió a tomar medidas y finalmente fue obligado a desdecirse de todos sus postulados. Y el actual no ha hecho más que lo mismo. Una reforma fiscal, una reforma financiera, un recorte a los salarios de los funcionarios, una reforma laboral, otra reforma financiera, otra reforma fiscal, ajustes a pensiones y desempleo, otra bajada a los sueldos de los funcionarios… El walkie talkie echa humo.

Lo peor de todo es el procedimiento. En vez de debatir el conjunto de las reformas en Las Cortes, intentar pactar una estrategia y cortar de una sola vez por lo sano, nuestros gobernantes, socialistas y populares, aplican el método de la tortura china: primero cortan la primera falange, después la segunda falange y la tercera más tarde, para seguir por la muñeca y el brazo por debajo del codo… Se corta a tontas y a locas, sin ton ni son. Necesitamos alguien con más criterio.

Queridos hombres de negro: No se fíen del ministro de Hacienda. Tiene raptos de frivolidad impropios de un hombre de Estado. No le importaba que España se hundiera en época de Zapatero, porque la llegada al poder del PP la levantaría. Magia no se produjo. Y luego tiene sus manías. Aquí tenemos una antigua administración territorial del primer tercio del siglo XIX, superada y solapada por las comunidades autónomas que está empeñado en reforzar, en vez de liquidarla. Las diputaciones cuestan 22.000 millones de euros al año. Empiecen por ahí. También nos gastamos 3.000 millones en televisiones públicas locales y regionales, mayormente dedicadas a la propaganda de los gobiernos respectivos. Y hay decenas de miles de funcionarios en los servicios del suelo y urbanismo de autonomías y ayuntamientos, de cuando fabricábamos 750.000 viviendas al año en España. A ver si afinan ustedes un poco y salvamos sanidad, educación y dependencia. De algo debería servir que España esté intervenida.

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