En tránsito

Eduardo Jordá

Sequía crediticia

ME conmueve saber que nuestros bancos (¿nuestros?) están en apuros y que tendré que aportar unos ciento cincuenta euros -de momento- para contribuir a "mitigar la sequía crediticia" y "solucionar los graves problemas de liquidez" que padecen. La terminología económica es confusa, así que no acabo de entender si los bancos tienen problemas de prostatitis, de incontinencia urinaria o si es que sufren alguna clase de parálisis muscular (o cerebral, no lo quiera Dios). Yo más bien creía, por las informaciones sobre las subidas astronómicas de los beneficios de bancos y cajas, que estas entidades estaban al borde del infarto masivo a causa de los acelerones constantes y del altísimo nivel de colesterol. Ahora resulta que están al borde del colapso, sí, pero no a causa de los subidones continuos, sino a causa de la debilidad del sistema y la falta de riego sanguíneo, hasta el punto de que algunos bancos están casi rozando la rigidez cadavérica.

Cualquiera lo diría, si pensamos en la forma en que nos han tratado hasta ahora y aún siguen tratándonos. Mi banco -o caja, para ser exactos- me cobra cada mes por la correspondencia que me envía (y que yo no he pedido), y a juzgar por las cantidades que me cobra, debe de estampillar sus cartas con sellos muy buscados por los coleccionistas, como aquel "penique negro" de la Reina Victoria o aquella pieza única emitida por la autoridades postales de la Guayana Británica en 1856. Y por supuesto que mi caja me cobra también por el mantenimiento de la cuenta, y por el uso de los cajeros ajenos (cuatro euros más, en este caso), y por el cobro de talones de otras entidades financieras. También me cobra por el uso de las tarjetas de crédito y por los pagos con la tarjeta VISA. Que yo sepa, aún no me ha cobrado nada por el desgaste de la tapicería de los sillones de sus oficinas (decoradas, por cierto, como un santuario sintoísta o un restaurante de Ferrán Adrià, si es que hay alguna diferencia entre ambos objetos). Tampoco me ha cobrado nada en concepto de destrucción y saqueo de cajeros, a pesar de que las cuotas que me aplica me darían derecho -calculo- a quemar una mínima de seis cajeros al año, al estilo de los simpáticos energúmenos que los tontos llaman "radicales vascos". Hace poco quisieron cobrarme doce euros por ingresar un talón de un banco francés. Yo les estaba trayendo dinero del extranjero, y encima me castigaban cobrándome doce euros, pero eso no ha servido de nada. Falta liquidez, nos dicen.

O sea que tendré que pagar esos 150 euros que más o menos nos tocará pagar a los contribuyentes para "inyectar liquidez en el sistema", como dicen los chamanes de las ciencias ocultas que también llamamos ciencias económicas. ¡Estupendo!

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