Amargura, imagen sagrada y caridad

08 de febrero 2026 - 03:09

Sobre la importancia de la caridad en las hermandades, qué quieren que les diga que ustedes no sepan. Los Evangelios lo dejan claro. No hace falta que les recuerde cuáles son los dos mandamientos en los que se resume toda la ley de Moisés y la enseñanza de los profetas. Ni lo mucho que hacen las hermandades en obediencia a este mandato. Pero para mí no hacen obra de caridad más grande que ofrecer las sagradas imágenes a sus hermanos y devotos.

Es posible cuantificar cuanto destinan las hermandades a la caridad y el número de los beneficiarios. Pero es incuantificable a cuántos aportan sentido para sus vidas, sostén en sus dificultades, luz en sus tinieblas, confianza en sus dudas, consuelo en sus dolores, compañía en sus soledades, fuerza en sus decaimientos, dignidad en sus desalientos o esperanza en sus duelos a través de las sagradas imágenes. Nada más importante hacen las hermandades, en mi opinión, que ofrecérnoslas a diario.

Pienso, de entre las mías, en la de la Amargura, cuyo Septenario comienza hoy. Desde que en 1725 la hermandad se estableció en San Juan de la Palma, desde que en 1904 se fusionó con la muy antigua Hermandad Sacramental entonces al borde de la extinción y desde que en 1911 el templo dejó de ser parroquia para pasar a ser filial de San Pedro, la Hermandad de la Amargura es el alma y el corazón de San Juan de la Palma, abriendo todos los días de 10:30 a 13:30 y de 18:30 a 21:00, más que algunas parroquias.

Siendo esto tan importante, más aún lo es ofrecer siglo tras siglo, día tras día, al Señor del Silencio y a la Amargura. Él, dignidad de los despreciados y condena de los poderosos que los oprimen. Ella, sobrecogedora profesión de fe cuando todo hace dudar, lamentación esculpida –“Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta, con el que el Señor me afligió”– que llora con quien llora y sufre con quien sufre lo peor con lo que la vida puede herir, porque Ella lo sufrió, haciendo confiar contra toda humana esperanza y creer cuando todo invita a descreer.

En San Juan de la Palma, la Amargura ofrece este abrazo en el desamparo total para poder alzar, con Ella, un salmo desde lo hondo del más atroz dolor. ¿Hay más grande obra de caridad? Dedicado a mis queridos amigos Manuel y Pilar.

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