La ciudad y los días

Carlos Colón

Hasta en el apellido

AHORA resulta que Franco estaba en vanguardia. Él, antes de que al Gobierno de Zapatero se le ocurriera, le cambió los apellidos a su nieto, poniendo Franco por delante de Martínez-Bordiú para que se perpetuara la gloriosa estirpe. Es complicado esto del progresismo y la modernidad. Un Gobierno socialista y democrático puede inventar en 2010 algo que hizo un dictador en 1954. Si su hija se hubiera casado con Tom Jones, como decía el chiste, no hubiera habido problema.

Cuando utilizara el diminutivo de su nombre se llamaría Paco Jones Franco. Pero resulta que Franco sólo tuvo una hija, por lo que el apellido se perdería sin añadirle gloria testicular alguna, como habría sucedido de ser el cantante galés de Delilah el afortunado.

Así que el doctor Martínez-Bordiú cedió con reverencia el paso al apellido de su augusto suegro.

Antes de que el Gobierno cambie el calendario, porque no es justo que fuera un hombre -¡y además Papa!- el que lo instituyera, vulnerando a la vez los principios de igualdad y laicismo; los nombres de los meses, porque es intolerable que Jano dé nombre a enero, Marte a marzo, Julio César a Julio y Augusto a agosto, mientras sólo la femenina Juno dio nombre a junio; y hasta el sistema métrico decimal, porque es ofensivo que el patrón sea el metro, imposición masculina de fálicas resonancias, conviene hacer algunas consideraciones.

Con esta reforma los padres (perdón: el padre y la madre, la madre y la madre o el padre y el padre) elegirán el orden de los apellidos y, si no se ponen de acuerdo, se recurrirá al alfabeto. Lo que en algunos casos -Rodríguez Rodezno, por ejemplo- obligará a retroceder hasta la cuarta letra del apellido. Lo que faltaba. Por si la elección de nombre no ha sembrado suficiente discordia en las familias, ahora se añade la batalla por el orden de los apellidos. Y en cuanto la genética lo popularice, la elección del sexo. Primera bronca: ¿niño o niña? Segunda bronca: ¿qué nombre? Tercera bronca: ¿qué apellido primero? Al ritmo de divorcios que vamos puede que ni tan siquiera se llegue a la tercera bronca y, antes que el niño o la niña tenga sus apellidos en uno u otro orden, haya estallado la guerra definitiva por la tutela.

Duros tiempos para los matrimonios (perdón: para las parejas). Si sobreviven sin divorciarse a estas tempestades (a las que se podrían sumar otras delicadas opciones entre afiliaciones de los recién nacidos a clubes de fútbol o hermandades) habrán de enfrentarse al bautizo (religioso o laico, que también los hay para que no falte de nada). ¿Qué pareja puede afrontar tantas decisiones sin romperse?

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