Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
YA conocen el refrán: cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. A primera vista podría parecer una alusión a la crisis griega. Pero no. Entre otras cosas, porque la deuda pública acumulada por Grecia respecto a su PIB es el doble de la española. Lo que no garantiza a España quedar al margen de los vaivenes griegos. Tanto los tiburones especuladores como los temerosos inversores privados son sensibles a las noticias sobre las delicadas finanzas públicas helenas. Los mercados ni siquiera se tranquilizan cuando la Eurozona le ofrece créditos por valor de 30.000 millones de euros. Nadie se fía de nadie. Por eso la Bolsa española bajó la semana pasada.
Pero las barbas del vecino en este caso son los resultados electorales que los grandes partidos están teniendo en las países más poderosos de Europa. El Reino Unido lleva casi un siglo con primeros ministros conservadores o laboristas. Pero hay elecciones generales allí el 6 de mayo, y no son cosa de dos. En septiembre hubo elecciones en Alemania, donde democristianos y socialdemócratas no llegaron juntos a sumar el 57% de los votos. Y esas dos grandes formaciones germanas llegaron a acumular en sus buenos tiempos el 90% de los votos de la República Federal. En Francia en las europeas del año pasado los verdes empataron a votos con el Partido Socialista, que en los últimos 30 años ha dado un presidente de la República y media docena de primeros ministros.
Algo está cambiando en el ambiente. Pero PSOE y PP viven alegremente, instalados en la ignorancia, culpando de todos los males del país a su adversario. Con la crisis están sufriendo mucho las grandes marcas y el público se lanza en manos de las marcas blancas. También en política: candidatos de formaciones nuevas o tradicionales outsiders resultan a los ojos de los ciudadanos más estimulantes que los líderes de las siglas establecidas.
En España deberían tomar nota los dos grandes partidos nacionales. Anda Cospedal indignada por las nutridas protestas contra el proceso a Garzón, tras su intento de investigar los crímenes del franquismo. Sostienen los dirigentes populares que cuestionar al poder judicial es poner en riesgo la democracia. De acuerdo. Pero cuando Garzón inició la instrucción del caso Gürtel, esa actuación judicial les pareció nada menos que un complot del Estado, a pesar de que puso en pie una importante trama de corrupción en la que estaban inmersos muchos dirigentes y cargos públicos del PP. ¿Esas críticas no pusieron en peligro la democracia? La actitud del PSOE respecto al agua tampoco se queda atrás; la última vez en el Estatuto de Castilla-La Mancha, con posiciones autonómicas distintas según el territorio de que se trate.
Los discursos de socialistas y populares invitan a los españoles a elegir entre lo malo y lo peor. Y así el bipartidismo, como ha pasado en otros lugares de Europa, no aguantará. Es cuestión de tiempo.
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