La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

¡Qué bien que Adela quita las plaquitas!

En Sevilla no se habla de otra cosa que de la necesidad de retirar "vestigios franquistas" en plena segunda ola del virus

Hay que decir alto y claro que los ciudadanos tenemos derecho a unos gobernantes que nos dejen ya de hablar de Franco, sobre todo de estupideces como la retirada de los vestigios de la dictadura que por lo visto se han hallado en 190 comunidades de propietarios de Sevilla. Debe tratarse de las plaquitas del Instituto Nacional de la Vivienda en las que se informa de que el edificio fue levantado al amparo del régimen de viviendas oficiales, o que la casa está acogida a los beneficios de la Ley de 15 de julio de 1954. El Ayuntamiento de Sevilla se ha ofrecido a efectuar su retirada. Eso está muy bien para que la concejal Adela Castaño salga en los papeles y ofrezca una sensación de frenética actividad, porque hay veces que nos preguntamos a qué se dedican la mayoría de los ediles del gobierno de mi Juan (Espadas). Hay algunos de los que no sabemos absolutamente nada desde mucho antes de la pandemia. Deben estar tele-gobernando. Pero Adela está dirigiendo la cruzada contra los yugos y las flechas en las fachadas.

Podremos por fin dormir tranquilos. Es justo lo que Sevilla necesita. Ni una empresa municipal de la limpieza más efectiva, ni una burocracia más rápida, ni una alternativa económica a nuestra hiperdependencia del turismo. No se preocupe usted de la hostelería, que ya quitamos esas plaquitas que nadie mira, mucho menos lee, pero que en cuanto sean suprimidas viviremos todos mejor, el paro bajará del 20 por ciento en la capital y los pueblos de la provincia, los hoteles se colapsarán por la petición de reservas, la Gerencia de Urbanismo será de nuevo el gran motor económico de la ciudad y, además, nos llevaremos el premio del perrito piloto consistente en grandes árboles que generarán sombra en los plazas y avenidas de la ciudad. No cabe mayor estupidez en tiempos de pandemia que presumir de quitar las plaquitas "franquistas" de los bloques de vecinos, la gran mayoría oxidadas por el paso del tiempo.

Si esa es la gestión que nos venden algunos de nuestros señores capitulares, mejor no preguntar a lo Perales a qué dedican el tiempo libre. Con lo bien que estaba Adela Castaño desde que comenzó el mandato. Que no se le oía después de aquellas excentricidades en los plenos de los que no me quiero acordar. Dejen ya a Franco. Bajo el cumplimiento de una ley esconden una obsesión casi patológica. La inmensa mayoría hemos nacido en democracia. Y algunos siguen erre que erre hasta en estos meses en que el mundo se ha parado e ignoramos cómo será el futuro. ¡Hala, doña Adela, a quitar plaquitas! Y mire en Itálica, a ver si hay alguna sobre la tortura de cristianos en el circo. En Sevilla no cabe uno (ni una) más de eso que ustedes saben.

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