La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El cabreo del tito Fernando

Rodríguez Villalobos defiende la Diputación como la aldea de los galos susanistas que resisten el avance de los críticos

Ea, ea, ea, el tito Fernando se cabrea. El presidente de la Diputación Provincial de Sevilla se ha referido a los críticos contra Susana Díaz como malos militantes socialistas. Me recuerda a los dos grandes paneles que había en la entrada del colegio. El niño bien educado y el niño mal educado. En los dos casos se explicaba con ilustraciones cuál era el comportamiento adecuado (lavarse las manos, obedecer, hacer los deberes...) y cuál el reprobable (contestar mal, no cuidar la higiene, sentarse de forma incorrecta...).

Evidentemente los niños nos sentíamos atraídos por las viñetas del malo, malísimo. Pues don Fernando colocará en la puerta de la Diputación, esa suerte de aldea de los galos rojos que resisten a la invasión de las derechas, un cartel para que quede claro quién es y quién no es un buen militante del PSOE. ¡Hay que ser susanistas antes que socialistas! Lo ha proclamado alto y claro este veterano del partido que siempre, siempre, se coloca bien cerquita del sol que más calienta. Diga usted que sí, don Fernando, que usted siempre ha sabido renovarse convenientemente para estar donde hay que estar: con el poder establecido.

Lo ha renovado todo menos su propia estética de españolito medio escapado de las imágenes de La Transición, de Victoria Prego. Y ahora se nos ha cabreado como el hermano mayor mediocre de una cofradía. ¡Todos los críticos a cargar con las cruces! El PSOE andaluz debe ser un bloque, como el Movimiento Nacional, ¡prietas las filas! Cruzada contra los infieles. Urge una merienda de domingo por la tarde en casa del tito Fernando, esos encuentros en los que ella es agasajada e ilustrada, quizás, por la sabiduría de quién es mayor y, por lo tanto, más experto en la vida. Pero, en el fondo, tito Fernando le tiene más miedo a Susana que siete viejas agarradas del brazo cruzando una avenida sin paso de cebra.

Todos los críticos del PSOE sevillano deberían ir a merendar a casa de tito Fernando para ser iluminados por los principios de la unidad y la firmeza. Fuera del susanismo hace frío. ¡Malditos roedores! ¿Qué se habrá creído Juan Espadas si lo hicimos alcalde nada menos que de Sevilla? ¿Y el tipo de Jaén? ¿Y qué hace Celis yendo de pueblo en pueblo como apóstol del sanchismo? Hace de turronero como hacía Susana en sus mejores tiempos. Son unos godos que aprovechan la decadencia del imperio susanista para colarse por las grietas del templo de la diosa trianera. Pero siempre nos quedará el tito Fernando, con su barba de izquierdista del tardofranquismo y sus dulces de la provincia. Tito Fernando, el último susanista.

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