¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Un campamento de demagogia y amor

Ya que me sentía aventurero y el calor de la mañana aún era soportable, me acerqué a ver el real propalestino Juanma y los chinos Nunca he estado en América, güey

Manifestación propalestina  en el Rectorado.

Manifestación propalestina en el Rectorado. / DS

LA tardía llegada del calor me recordó que aún no había prestado mis respetos anuales a la florecida collera de tuliperos del Gabón que hacen guardia en la puerta de la antigua Facultad de Derecho (hoy fantasmal ala de la Real Fábrica de Tabacos a la espera un uso que no llega). Venía de la Plaza de España –monumento mártir ya convertido en escenario de Icónica y rebosante de turistas y nonagenarios con la camiseta de AC/DC–, por lo que los jardines del Rectorado se me antojaron como eso que las plumas floridas llaman “un remanso de paz”. Primero un breve saludo a la jacaranda de flor blanca (la gran rareza botánica de Sevilla) para después plantarme ante los tuliperos, uno de ellos aún plagado de esas flores que son llamas carnosas, como si brotasen del mismísimo corazón de San Francisco Javier. Y ya que me sentía aventurero y el calor de la mañana aún era soportable, me acerqué a ver el real propalestino que se ha instalado debajo de la Fama, como si fuese uno de esos viajeros que tienen el dudoso gusto de ir a países en conflicto por mero aburrimiento vital. Allí, entre tiendas de campaña Quechua y mesas de camping, vimos lo de siempre, esa mezcla de amor y demagogia que caracterizan las primaveras de los campus universitarios desde aquella gran performance que fue Mayo del 68 (en mis años estudiantiles la excusa fue la Primera Guerra del Golfo). Y como el aburrimiento es la puerta del pensamiento, me dio por cavilar que el problema –si es que hay alguno– no son unos estudiantes a la búsqueda de los secretos de Eros o de la justicia universal (el impulso es el mismo), sino los talluditos profesores, dirigentes del cotarro hispalense, que han decidido romper relaciones con las universidades de Israel, olvidando que quizás su papel en este conflicto era el de tender puentes, no volarlos. Es decir, no meter en el mismo saco a todos los judíos, algo que revela una pereza mental que extraña en quienes se reclaman como reserva intelectual de Occidente.

Que lo que está perpetrando Israel en Gaza es una vil masacre es igual de cierto que hay que tener mucho cuidado con dar cheques en blanco a una causa que, nos guste o no, está infiltrada por el terrorismo de Hamás (bien lo sabe alguna familia sevillana ligada a la propia Hispalense). Y uno, que es un simple plumilla peripatético entre jaimas solidarias, se pregunta: ¿se consigue algo con esta absurda y teatral ruptura?, ¿o simplemente es un guiño a la propia comunidad universitaria cuando se acercan las elecciones a Rector? Vaya usted a saber. Son días de amor y demagogia.

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