Cuerpo creciente, alma menguante
Crecer y ser alto está muy bien, pero con límites: el gigantismo es un trastorno del crecimiento que provoca un desarrollo excesivo del organismo. Se dice que lo que no crece, decrece y muere; pero un crecimiento desmesurado puede hacer que se muera de éxito si no sabe o se puede gestionar. La Semana Santa sufre un gigantismo que hace cada vez más difícil ordenarla y vivirla. No se cabe. Todos lo saben, todos hablan de ello, pero poco o nada se hace. Por prudencia, por desidia, por miedo, por incapacidad o porque, en el fondo, nadie sabe como poner puertas a este campo.
Leo que en los últimos 30 años se ha duplicado el número de nazarenos, que las cofradías han crecido un 13% de media y la Madrugada un 43%, sumando sus cortejos 14.666 personas. Y que van a seguir creciendo. Es un problema para la carrera oficial, que mide los mismos metros que hace un siglo, y para el casco histórico, que también presenta la misma estructura. Es un problema para los nazarenos y los cortejos, obligados en muchos casos a ir apelotonados, dar rodeos que alargan sus recorridos o sufrir parones. Es un problema para los ciudadanos, a los que –sumadas las medidas de seguridad necesarias pero muchas veces exageradas– cada vez les resulta más difícil circular.
Son problemas sumados a otros problemas que afectan, no al cuerpo, sino al alma de la Semana Santa, a su sentido, a su emoción, a su forma de ser vivida y sentida, a la devoción que puede florecer una semana al año porque tiene hondas raíces que plantaron en nosotros nuestros padres y nosotros en nuestros hijos, y que, al marchitarse, hace que muchos den más importancia a lo que va debajo o detrás de los pasos que a Quien va sobre ellos,
Carencia de alma que también se manifiesta desde dentro de las hermandades en músicas y coreografías inapropiadas por su calidad y su exageración. La solución de estos problemas, al contrario que los derivados del gigantismo, está en manos de las hermandades; porque cada cofradía tiene el público que se crea. Pero muchos cofrades lo consideran un logro, una seña de identidad, una forma de triunfar congregando multitudes entusiastas. En esto puede aplicarse a la Semana Santa lo que dijo el Nazareno: “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”.
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