La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Hartos de estupideces
Bien por Donald Trump, que ha atacado Venezuela para impedir que el narcoestado cubra a los Estados Unidos con polvo blanco (al fin respiran libres de coca las napias de los yankis pudientes, fijo que a partir de ahora no habrá ni para un tirito en sus francachelas), y liberar de paso al pueblo venezolano de una dictadura a la que, como al resto de tiranías evidentes o tangadas, jamás me verán justificar. Como a Feijóo y a Ayuso, qué más me da a mí que los gringos se pasen por el forro la legalidad internacional, violen la carta de Naciones Unidas y las fronteras de otra nación, la bombardeen, y agredan su soberanía e independencia tutelando al modo colonial su destino y riquezas. Ni que acaso no hubieran liberado antes a Panamá, matando aún no se sabe a cuántos miles de panameños (poco sabemos de las bajas venezolanas), o a Kuwait o Irak. O a Hiroshima. Aquí nos encanta el olor a napalm por la mañana. Así que, métase usted entre medias, que vamos a bailar la conga de Maquiavelo y a entonar su estribillo: el fin justifica los medios. Y que no decaiga, Cuba ya está poniendo sus barbas revolucionarias a remojar; la isla, según Trump, está a punto de caer.
Ya puestos, además de Venezuela, Cuba o sus planes en Gaza d’Ors, podrían liberar –sugiero– a Arabia Saudí o Brunéi de sus monarquías absolutas; también a Catar, Emiratos Árabes y Baréin porque, además de sus grandes déficits democráticos y sus boyantes recursos naturales, son moras como Mamdami. Que liberen –no hay riles– a China y a Corea del Norte, rojas como Mamdami. Y a Rusia, que Rusia no veas, como es Rusia... Groenlandia está fuera de toda duda: hay que liberarla del yugo danés. Por cierto, ya está tardando en liberar a El Salvador de un tipo como Bukele y a Oriente Medio de Netanyahu. Que los secuestren y juzguen. ¿Y Europa? Europa, no me lo negarán, es demasiado woke; salvo Turquía y Hungría, todos palante. Porque “Meloni es muy bonita”, –Trump dixit–, a Italia también la liberaremos de la liberación. Ante todo, me sumo a ese gran torero intelectual –heredero de la tradición de Sánchez Mejías– y gran patriota que es Fran Rivera que, tras agradecer a Trump el secuestro de Maduro, le pide que “mire para acá”. Que Estados Unidos nos invada en cuantito averigüe dónde está España. Vivan las caenas que ahora llaman libertad, carajo.
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