Bicheo por la TDT

gema Amil

Hay gente pa' tó

SI algo nos ha enseñado la TDT es que se puede hacer tele absolutamente de todo. La parrilla ya no es sota, caballo y rey. Y, en parte, es gracias a esos canales para gente curiosa, que cada vez tienen más popularidad entre el público. Historias diferentes para gente diferente, aburrida de ver siempres las caras de los omnipresentes Jorge Javier Vázquez o Anne Igartiburu. Por más que nos pese, hemos de admitir que la oferta televisiva estadounidense nos está ganando la partida. Y sí, por qué no reconocerlo, la mayoría de sus docu-realities, el formato mejor acogido en este país, son disparatados, pero que tire la primera piedra quien, en esas noches de zapeo sin rumbo, no ha terminando sintonizando cualquiera de esos programas delirantes y enganchándose a sus tramas surrealistas. Seguro que, como yo, eres uno de los que alguna vez ha echado el rato viendo Mi extraña adicción. Sí, ése. El programa en el que sus protagonistas comen yeso, abono o el relleno de sus cojines, se bañan con lejía, creen ser un bebé comportándose como tal, duermen con su secador de pelo encendido o viven para recoger animales muertos de la carretera. Ese formato, que a pesar de parecer absurdo, está triunfando en todo el mundo haciendo de los trastornos obsesivos-compulsivos, casi demenciales, de sus participantes puro entretenimiento. Un éxito de calado internacional, que nació en el canal americano Discovery Health llegando a ser en poco tiempo el programa más visto de su franja horaria en su día de emisión y que en España podemos disfrutar gracias a Xplora.

Los protagonistas de Mi extraña obsesión (My Strange Addiction) luchan cada día contra sus demonios emocionales, aunque la mayoría de ellos parecen estar encantados con sus curiosas aficiones. Como si desayunar, almorzar y cenar papel higiénico, coleccionar pelo sacado de las tuberías o beber esmalte de uñas los hiciera más importantes. Desde luego, sí que los hace diferentes. Sus obsesiones y adicciones a cosas inimaginables, que muchos tildan de montaje -con razón-, están a punto de tomar el control de sus vidas por lo que tienen que ponerse en manos expertas si no quieren encontrarse con serios problemas. Mientras tanto, nosotros estamos encantados porque durante treinta minutos nuestra obsesión por las hamburguesas, el chocolate o el café nos parecen una gran memez. Está claro que Mi extraña obsesión se lleva un sobresaliente como programa de entretenimiento pero, más que nunca, debe transmitir el famosos mensaje de: "Señores, no intenten hacer esto en sus casas". Qué gran descubrimiento esto de la tele estadounidense. Desde luego, es que hay gente pa' tó...

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