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Antonio Montero Alcaide

La judía de Guadalcanal

Las leyendas históricas, a falta de evidencias, se deben a fabulaciones no desprovistas de intención

03 de noviembre 2023 - 00:45

Enrique y Fadrique eran hijos gemelos de Alfonso XI y su concubina Leonor de Guzmán. Hermanos bastardos, por ello, de Pedro I, hijo del mismo rey con su esposa la reina María de Portugal. Las relaciones entre Pedro I, Enrique y Fadrique, aunque tuvieron algunos periodos de sosiego e incluso lealtad –sobre todo, en el caso de Fadrique–, acabaron en trágicos desenlaces. Pedro I, así, ordenó matar, en 1358, con bastante crueldad, en el Alcázar de Sevilla, a Fadrique, que era maestre de Santiago, al que llamó, con engaño, para que acudiera a su presencia. Y el propio rey fue asesinado por Enrique, en Montiel, el año 1369, a fin de ocupar el trono, como Enrique II, y cambiar la dinastía real.

La fabulación histórica puede ser la forma de tratar supuestos acontecimientos que necesitan o esperan evidencia, si esta al menos es probable, como consecuencia de resultar posible –lo imposible no puede ser probado–. Una de tales fabulaciones –tan históricas como legendarias, por otra parte–, es la de un hijo habido por Fadrique, que no prestaba acatamiento a la castidad propia de los maestres, o la vulneraba en la clandestinidad, después aireada. Quién fue la mujer que lo engendró y qué efectos tuvo el nacimiento son razón de la leyenda. Blanca de Borbón, cuyo matrimonio con Pedro I se había acordado, figura entre las amantes de Fadrique, y el embarazo pudo deberse a las relaciones entre el maestre y la reina, cuando Fadrique formaba parte de la comitiva que acompañaba a Blanca desde Francia a Valladolid, ciudad en la que se celebró el matrimonio, en 1353. Motivo que podría explicar, aunque no fuera cierto, el abandono a Blanca de Borbón, por Pedro I, menos de tres días después de la boda, para volver con María de Padilla. Acaso pudo quedar embazada de Fadrique la mujer de uno de sus mayordomos, ausente de su casa, en la que se hospedó el maestre, de forma que el vástago quedó escondido, hasta que reinó su tío, Enrique II. Y la tercera posible mujer tal vez fuera una judía de Guadalcanal, llamada Paloma, para que confluya otra atractiva leyenda: la de que era hija de María Benveniste, la supuesta hija de Alfonso XI y María de Portugal, que, al no ser varón, fue cambiada por el hijo de un judío, nacido el mismo día que la infanta. Esta podía llevar el nombre de María precisamente por ser la cambiada hija de la reina. Y el padre de Paloma, casado con María Benveniste, el rabino Yishaaq ha Levi. Sea cual fuere la madre, el hijo de Fadrique, que sí existió, es Alonso Enríquez (nieto del rey Alfonso XI, del que toma nombre), y llegó a ser almirante de Castilla, con muy numerosa descendencia. Entre la que figura Juana Enríquez, casada con Juan II y madre de Fernando el Católico (1452-1516), que tendría, por ello, ascendencia judía, siglo y medio después del íntimo encuentro entre el maestre Fadrique y la judía Paloma.

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