La aldaba

Carlos Navarro Antolín

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La nueva estupidez de cara a la Navidad

El Gobierno sólo pemitirá las cenas entre "convivientes estables". Sánchez acabará con la España de los cuñados

El ministro de Sanidad, Salvador Illa. El ministro de Sanidad, Salvador Illa.

El ministro de Sanidad, Salvador Illa. / EFE

Tenemos nueva chica en la oficina y una nueva estupidez en el lenguaje de los políticos. El ministro Illa, que en Andalucía dices en alto su apellido y se vuelven ellas, nos está preparando el cuerpo para las fiestas de Navidad. Dice el hombre que al paso (alegre de la paz) que vamos se celebrarán en "grupos reducidos y entre convivientes estables". ¡Pista que va el artista! De las unidades habitacionales del zapaterismo a la nueva normalidad, la resiliencia, la pareja (aplicada a personas cuando podría tratarse hasta de animales) y los convivientes estables. Nadie podrá negar que el pedrismo no aporta suficientes estupideces al habla cotidiana.

Acuñan un nuevo término y ya estamos todos (los periodistas los primeros) erre que erre haciendo nuestros los palabros, las perífrasis y los circunloquios de una clase dirigente pobre de espíritu, pero curtida en el mantenimiento del poder por el poder. Ya estoy viendo los ajustes de cuentas entre vecinos a la mínima sospecha de aglomeración. Uno pega el chivatazo a la Policía Local y llegan los agentes a la casa del denunciado: "Pase, pase, señor agente, sólo estamos convivientes estables. ¿Quiere usted un polvorón de limón, que son los únicos que quedan?".

Los del PP no saben enriquecer el lenguaje. Se les van los mejores toros vivos al corral. Podrían denunciar la nueva estupidez de la nueva normalidad. La que lía el de las gafas de pasta para no decir la palabra "familia", una institución sin la cual nos hubiéramos ido al fango en la crisis de 2007. A la espera estamos de que el Gobierno saque el decreto sobre qué se entiende por convivientes estables, porque hay convivencias que están marcadas por una verdadera inestabilidad. En el fondo hay un ataque a la familia. Este Illa, que no es ninguna maravilla, también nos quiere librar de los cuñados, como ya amagó la Junta de Andalucía en su momento.

El Gobierno quiere acabar con los vestigios del franquismo y con la España lastrada por el cuñadismo. Si usted no convive de forma estable con sus suegros o sus cuñados, ya sabe que se tomará las uvas más solo que la diputada de Vox en el Parlamento Vasco. Para que luego digan que este Ejecutivo es perverso. Comeremos menos, vivirán más pavos. Hay que tener malas ideas para permitir solamente compartir mesa a los que convivimos de forma estable. ¿Y qué hacemos con los tíos del gorrito y el matasuegras, el baile de la conga y la mañana del primero de enero marcada por los borrachuzos? Todos a ver los saltos de esquí, donde todos guardan perfectamente la distancia. De uno en uno. Siempre gana un finlandés. O un noruego.

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