En el parlamento no hay piedras

28 de enero 2025 - 03:08

Puede que haya pasmarotes, listillos, avisados, próceres, patriotas, traidores... pero que se sepa en el Parlamento no hay piedras, bien se encarga el servicio de limpieza de tener el hemiciclo en perfecto estado de revista. Entonces, ¿a qué se refiere Pedro Sánchez cuando dice que va a sacar los votos de debajo de las piedras para conseguir la aprobación del decreto ómnibus? Es de temer que se trata de una metáfora y que las piedras no son otras que Puigdemont y Junts. Nos tendremos que preparar, pues, para otra humillación al Estado español por parte del independentismo catalán, quizás del tamaño de ese ómnibus que el presidente del Gobierno quiere colar por el ojo de una aguja. Cada piedra que se levante será una cesión más.

Hace tiempo que ha quedado en evidencia que el problema de la España actual no es esa “proverbial inteligencia política” que algunos le atribuyen a Sánchez, sino las no menos proverbiales tragaderas del Parlamento y cierta opinión pública. Se lo tragan todo: el blanqueamiento de ETA, la impugnación de la Transición, la “descolonización” de los museos, la amnistía-trampa, los numeritos de reina ofendida del presidente, los ataques a la prensa independiente y los jueces, los siniestros fastos por la muerte de Franco... Sin embargo, de repente, algo ha empezado a cambiar. Y ese algo se llama Junts, el partido de la sedición al que Sánchez entregó las llaves de España. Puigdemont no está haciendo otra cosa que ejercer los poderes que le entregó Sánchez, que se ha convertido en su cautivo. Si se fio del que solo meses antes había intentado volar la democracia española es porque quizás no tiene ese instinto maquiavélico que algunos le atribuyen, sino más bien una inmensa falta de escrúpulos para mantenerse en el poder.

No existen piedras en el Parlamento y se le han ofrecido a Sánchez muchas salidas para que saque adelante cuestiones que parecen necesarias, como la subida de las pensiones o las ayudas a Valencia por la dana (lo de la subvención del transporte público es mucho más discutible). El presidente del Gobierno solo tiene que despiezar ese megalodón que es el decreto ómnibus y tirar a la basura sus partes tóxicas. Pero él se ha acostumbrado a vivir siempre en la cuerda floja, le pone la bronca y, por un mecanismo psicológico extraño, disfruta con las humillaciones de Junts, quizás porque se infligen sobre el lomo de todos los españoles.

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