¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

No es nuestra plaza, don Alfredo

Monteseirín mezcló errores como las 'setas', la Torre Pelli o la Avenida, con aciertos como la peatonalización

El ex alcalde de Sevilla Alfredo Sánchez Monteseirín escribió el domingo un artículo en este periódico en el que, con motivo de la rotulación con su nombre de una plaza a los pies de la Torre Pelli, hacía una apasionada reivindicación de sus años de mandato, entre 1999 y 2011. No podemos estar más en desacuerdo con el contenido de dicho texto. Una vez más, don Alfredo, al igual que los defensores de su legado (por supuesto que los hay), hace hincapié en que durante aquellos años de derroche y ladrillo, cuyas deudas seguirán pagando nuestros nietos, se acometió un proyecto "transformador y valiente" de la ciudad, en el que se "combinó tradición y modernidad". Es una visión, digamos, un tanto optimista y, desde luego, muy poco autocrítica. Donde don Alfredo ve valentía, otros vemos claudicación ante poderes económicos (Torre Pelli) o el superego de los arquitectos-estrella (las Setas del vivo de Jürgen Mayer); donde don Alfredo ve transformación positiva, otros vemos los destrozos en la Palmera que están siendo posibles gracias a un PGOU, el de 2006, aprobado bajo su mandato; donde don Alfredo ve modernidad, otros vemos la catetización de una Avenida de la Constitución franquiciada y privada de la sombra de sus colosales plátanos de indias.

Nadie pone en duda que parte de estos proyectos fueron aprobados en lo que don Alfredo llama "el templo de la democracia", pero muchos no olvidaremos el desprecio con el que fue tratada (tanto por el socialista como por su sucesor, el popular Juan Ignacio Zoido) la mayoría de la sociedad civil sevillana, que clamó contra la construcción de una Torre Pelli (ahora, encima, intenta vampirizar el nombre de nuestra ciudad) que ya antes de nacer era una antigualla arquitectónica. El rascacielos ignora todos los conceptos de la modernidad, es rutinario y caro, digna representación de unos poderes contemporáneos, públicos y privados, cuya soberbia babélica les llevó a transformar sin escrúpulos y para siempre el perfil de nuestra ciudad. Nunca tragaremos con ese engendro, al que don Alfredo llama "Quijote audaz". Si Zoido ganó las elecciones con una mayoría absoluta histórica fue porque la ciudad estaba harta de este ninguneo, del derroche de las setas, de los arboricidios…

No todo fue negativo. A don Alfredo le debemos su apuesta por las peatonalizaciones, un proyecto verdaderamente moderno que llevó a cabo pese a la férrea oposición de un comercio que le estará eternamente agradecido. Los ciudadanos también. Desde aquí felicitamos sinceramente a don Alfredo por la plaza, pero muchos no podemos sentirla como propia, como tantas otras.

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