Juan Antonio Solís

jasolis@diariodesevilla.es

La presión de Simeone

El argentino, hábil en la estrategia y también en proteger a los suyos, está en un espinoso jardín

DIEGO Pablo Simeone es un entrenador superlativo en la estrategia –prodigiosos el repliegue de su Atlético, su astucia para cortar los ataques contrarios a tiempo y lejos de Oblak y la ocupación de los espacios para bloquear los tiros– y también es un preparador fabuloso en la salud anímica de sus jugadores. En esa faceta mental, primordial en el deporte de élite, no duda el argentino en asumir toda la presión que pueda para descargar a su infantería de más peso añadido, que ya sufren el martirio de aguantar al jefe en el vestuario y el área técnica. Raro es que en los fracasos, el Cholo, ante los micrófonos, no derive a su responsabilidad los errores. La táctica manda en las áreas y en las salas de prensa de los estadios.

El discurso del “partido a partido”, algo más antiguo que el hilo negro, o su obsesión por airear la diferencia de presupuesto de su Atleti con Real Madrid o Barcelona –sin embargo, no duda Simeone en poner a su altura al Sevilla, como si éste pudiera fichar a un Joao Félix de la vida o pagarle la soldada a Luis Suárez–, obedecen a una estudiada descarga de presión desde el entorno que le ha venido de perlas.

No obstante, el escenario que habrá de gestionar el preparador en las once jornadas que tiene por delante seguro que le hace fruncir el ceño. Sobre todo si el Barcelona derrota esta noche al Huesca en el Camp Nou, algo nada descabellado, y se sitúa a sólo cuatro puntos de los colchoneros, que además visitarán el feudo azulgrana en la jornada 35ª.

No va a tener forma humana Simeone de sacudir de su nido esa presión que ya empieza a atenazar a los suyos, la presión de tener la Liga en la mano y dejársela arrebatar. Será toda una prueba de carácter para una plantilla en la que ya no abundan resabiados y malencarados como los que formaban el núcleo duro del que ganó la Liga en Barcelona: Godín, Gabi, Raúl García, Diego Costa. Puede que Koke y Luis Suárez no basten.

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