La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El pulgar hacia arriba de Sánchez

Tiene la desfachatez del concejal cateto que repara el techo de la sede vecinal y habla como si lo hubiera pagado de su bolsillo

El pulgar hacia arriba de Sánchez

El pulgar hacia arriba de Sánchez

La pérdida de altura institucional es una de las marcas del presidente del Gobierno que sufrimos, un Narciso de catálogo y con andares de Travolta, un personaje que encarna a la perfección la disneylización que aqueja a la política actual, la vocación de perpetuidad en el poder por el poder y el desprecio por esos criterios éticos y estéticos que aconsejan, por ejemplo, no nombrar a la ex ministra de Justicia para el puesto de fiscal general del Estado. Poca altura se puede esperar de quien no asistió al funeral por las víctimas del Covid en la Catedral de la Almudena siguiendo esa política estúpida de gestos propios de adolescentes irresponsables que ya exhibió Zapatero (de aquel barro este lodo) cuando se quedó sentado al paso de la bandera de los Estados Unidos.

Andan los partidos políticos entre mosqueados y haciendo mofas porque Sánchez ha presumido en una entrevista de que en España no se le ha preguntado a la gente por su voto a la hora de poner las vacunas. Ese sentido patrimonialista de los recursos públicos es una lacra de muchos políticos, no solo de este vanidoso reconcentrado. El lenguaje, que nunca es baladí, revela muchas veces ese concepto pervertido que muchos de nuestros dirigentes de todo signo tienen del presupuesto, del dinero y de las infraestructuras que tienen a su cargo. Tienen claro que cualquier inversión debe ser agradecida, especialmente si entre sus beneficiados hay votantes de otro partido. Con frecuencia oímos comentarios que no disimulan esa perversión. "Encima que les dimos una subvención a esta gente". "Les hemos cedido el uso del centro cívico y así nos lo pagan". "No se merecen el arreglo de la calle". "Te voy a arreglar el techo de la sede". De alcaldes a presidentes de la Diputación, de consejeros a ministros. 

No extraña que el propio presidente del Gobierno tampoco guarde las apariencias y revele su verdadero concepto sobre los recursos públicos que, oh magnanimidad de emperador con el pulgar hacia arriba, distribuye a todos sus administrados como una gracia que se derrama de forma excepcional. No fue capaz ni de disimular a la hora de abordar un asunto tan delicado como la independencia de la Fiscalía, que ya sabemos que su estructura es jerárquica, pero no hace falta recordar quién está en una cúspide que hábil y tradicionalmente se ha tapado con las nubes de la prudencia y el decoro. Pero este Sánchez es tan burdo que no tuvo reparos en formular aquella recordada pregunta: "¿La Fiscalía de quién depende?¿De quién depende? -Del Gobierno. -Pues ya está". El emperador cuida de nosotros, es generoso y nos revela esas verdades que nos son inalcanzables.

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