Baja Temeraria

La salud de los libros

El libro está fuerte. Buenísima noticia. Que no todo va a ser espantarse con la ira de algunos y la cobardía de tantos

Contra todo pronóstico ni el vídeo se cargó a la estrella de la radio ni el mundo audiovisual -incluso afásico, si nos remitimos a la comunicación por wasap- ha matado al libro al que estamos dando por agonizante desde hace tiempo. Pues no. A calzón quitado este fin de semana pasado en el I Congreso Internacional de editores independientes han reconocido que la pandemia les pilló desprevenidos: al terror de ver cerradas sus vías habituales de contacto con los lectores (las sufridas librerías) le sucedió un aumento de las ventas que, incluso sin ser triunfalistas, la mayoría ha definido como muy bueno. David G. Romero, editor de El Paseo, fue más allá y reconoció que en su caso los pedidos habían subido hasta un 16%. Crítico como es y a pesar de la sincera y lógica alegría por el hecho en sí, el editor y periodista confesó que la compra de libros aumentaba en las madrugadas de los fines de semana, como si el personal, en pleno confinamiento, cambiara el jolgorio noctámbulo callejero por el consumo. De libros en este caso.

En Sevilla hay cerca de treinta editoriales de las llamadas independientes, ergo fuera de la órbita de los dos grandes grupos que en el mundo son, algunas veteranas como Renacimiento o Comares y otras más recientes. Algunas con una ligera pero resistente estructura empresarial y otras prácticamente de autoempleo, o como contó el pacense Cisco Martínez (Aristas Martínez) asunto de familia, su mujer y él. En Andalucía hay un centenar, sobre todo en Sevilla y Granada, otrora, por cierto, la ciudad donde más se publicaba, institucionalmente hablando. En cuanto a las administraciones, la mayoría de los editores daban por cierta la nula distribución de los libros publicados por la mayoría de las instituciones públicas. Salvo excepciones, que siempre hay quien da la (buena) nota. Y no todo lo que se publica es un libro, recordaron. Habrá incluso que agradecer que la crisis de 2008, las angosturas presupuestarias y la aparición del mundo digital se haya llevado por delante esos incunables, llamados Memorias de actividad, que consejerías, concejalías, fundaciones, patronatos y afines editaban con tanto entusiasmo como derroche. Unos tochos en papel satén con abundancia de fotografías del titular de la Cosa. Lamentablemente aquellos fondos no parecen haberse dedicado a libros que de verdad cumplan con la más que necesaria divulgación del conocimiento. Que en muchos casos -ahí están Comares y Renacimiento- sí hacen esas editoriales independientes a pulmón, sin que la sanísima costumbre de la coedición (ergo pública/privada) haya sustituido a aquellos disparates de papel cuché. Pero a lo que íbamos: el libro está fuerte. Buenísima noticia. Que no todo va a ser espantarse con la ira de algunos y la cobardía de tantos.

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