mercedes de pablos

Periodista

Los tres sobres

Recuerdo un par de metáforas y lo importante que es aplicar un DAFO a todo lo que se mueva

Tuve un director muy inteligente y, con perspectiva ya, un buen gestor. Tenía sus cosas, y quién no, pero los años lo han agigantado a mis ojos, sobre todo porque tomaba decisiones sin miedo. Pues bien, empeñado en sacarnos la eficacia como fuera, nos hizo cursar varias jornadas de coach y manuales de eficiencia en la línea de aquel En Busca de la Excelencia, manual de moda en los años ochenta. Comoquiera que de esas disciplinas mi preferida es la novela de Daniel Ruiz, La gran ola, he de confesar que tal vez por mi cerril escepticismo mental (a pesar de mi entusiasmo verbal, soy una chica fácil) no saqué mucho provecho de aquello. Al final recuerdo un par de metáforas y lo conveniente de aplicar un DAFO a todo lo que se mueva cual cepillo de dientes del directivo con buen aliento. Y de esos cuentecillos o ejemplo hay uno que me sigue pareciendo incontestable. Verán:

Un directivo o cargo es cesado y, diligentemente escribe tres sobres y los guarda bajo llave en el escritorio que ha vaciado con esmero. Al momento recibe a su sucesor, al que trata con afabilidad, se pone a su disposición y en el colmo de la deferencia le hace entrega de los tres sobres que acaba de cerrar con una advertencia de uso. "Cada vez que tengas una crisis abres uno y tendrás la solución".

Pasan algunos meses de alegría neófita del recién nombrado y, de pronto, y a pesar de que, según él, todas las razones le asisten, estalla la primera crisis de su gabinete. Boom. El hombre interviene con toda su voluntad pero no consigue arreglarlo hasta que, venturosamente recuerda los tres sobres que tiene guardados en el cajón Abre el primero.

"Culpa a los anteriores". Dice solamente.

Y a ello se pone, sin escrúpulos ni mala conciencia, porque al fin y a la postre sigue la indicación de a quien, con su permiso, está poniendo de hoja perejil. Respira. Pasa un tiempo más y estalla la segunda crisis, en este caso con tal furia que parece difícil atajarla. La prensa se le echa encima, sus mismos compañeros de gabinete lo miran con recelo como si temieran contagiarse. El hombre entra en pánico. Pero vuelve a recordar los sobres y corre como el rayo a abrir el segundo.

"Culpa a tu equipo".

Bien, a ello se dedica con fruición, yendo más allá de las palabras y con un par de ceses que, efectivamente, logran atajar el follón, cual cabeza de San Juan en manos de Herodías. Todo en orden. Y llega la tercera crisis, cargada además de escándalos que le implican. Ahora no son sus compañeros los que le evitan sólo, es el Gran Jefe, que no le da los buenos días ni en el ascensor. Dos cajas de Lexatin y recuerda como último asidero el tercer y último sobre. Lo abre.

"Prepara los tres sobres".

Ajá. ¿No creen que anda por ahí alguien en la cosa pública al que le viene esta vaina a medida? Yo sí, pero siempre he sido mala con los augurios.

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