Fernando García

Paisaje tras la ‘trumpandemia’

En uno de los capítulos de la paródica serie Vota Juan, el candidato Juan Carrasco busca financiación y apoyos a toda costa. Su objetivo es el poder y para obtener ayuda e ingresos está dispuesto a defender cualquier causa por extravagante que sea. En estos tiempos líquidos nadie mejor que Trump representa el liderazgo, huérfano hasta su llegada, de esas ideas extravagantes. Para observar la dimensión del escenario, un dato; sólo un 27% de votantes republicanos consideran el asalto al Capitolio (los asaltantes se sentían legitimados por un supuesto fraude electoral, a todas luces inexistente) como una amenaza a la democracia según el portal yougov. La conclusión es descorazonadora.

Cualquier charlatán ambicioso puede recoger un sinfín de ideas descabelladas que hasta entonces reposaban en barras de taberna o en tertulias seudointelectuales y darle una dimensión institucional, una pátina de respetabilidad ante una parte de la sociedad poco formada en torno a la veracidad de las informaciones. Todo ello, además, jugado en el escenario de unas redes sociales escasamente reguladas donde habita la calumnia y la mentira. Como dice Barack Obama en sus aplaudidas memorias, antes los candidatos divergían sobre la solución más adecuada a un problema ahora también divergen en la existencia de los hechos mismos. 

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