El naranjo amargo o agrio (Citrus x aurantium) es considerado un híbrido resultante del cruce ancestral entre el mandarino (Citrus reticulata) y el pomelo chino (Citrus maxima), proviniendo del sudeste asiático. Plantado por primera vez en Sevilla por el rey-poeta al-Mutamid (s. XI) en sus Jardines de la Buhaira, se adaptó perfectamente a las condiciones climáticas de nuestro entorno y pasaría después a jardines privados y patios de abluciones de las mezquitas. Se expande en calles y plazas en los primeros compases del s. XX de la mano del gran arquitecto y urbanista Aníbal González, registrándose en 1970 unos cinco mil ejemplares y rebasando los cincuenta mil en la actualidad, siendo la ciudad con más naranjos amargos del mundo. Pueden proporcionar hasta siete millones de kilos de naranjas en la recogida ya comenzada, frutos dorados tipo hesperidio de los cuales se obtienen diversos productos: mermeladas, en declive hoy en día por los controles sanitarios agroalimentarios; compotas para el pato a la naranja; cervezas belgas; compost para abono; pienso para el ganado; biogás para la generación de electricidad; cosméticos y perfumes.
El Real Alcázar supera en sus jardines los mil naranjos amargos, de los que pueden obtenerse unos veinte mil kilos de naranjas. Hace pocos años se recuperó la tradición establecida a principios del pasado siglo por Victoria Eugenia de Battenberg –reina consorte de Alfonso XIII y nieta de la longeva reina Victoria de Inglaterra– de enviarlos a la Casa Real Británica para la producción de mermelada de naranja agria, muy apreciada en aquel país desde antaño y recibida de los británicos que se asentaban en Riotinto (Huelva) durante la explotación de sus minas. En febrero de 2025 se remitieron a Buckingham Palace ochenta kilos de naranjas amargas del Alcázar, oficializado mediante un acto protocolario con la asistencia del embajador del Reino Unido en España. Dentro de pocas semanas se repetirá la tradicional entrega, un motivo de hermanamiento entre ambos países y entre Londres y Sevilla.
Si paseamos durante estas entrañables fechas por las calles sevillanas podremos contemplar el grandioso espectáculo que nos proporcionan estos cítricos, previa a la explosión de azahar que ocurrirá en la primavera temprana, pues se hallan repletos de sus frutos maduros a la espera de ser extraídos de sus ramas. La naranja amarga se ha convertido en un icono hispalense, hasta el punto de ser conocida en muchos países anglófonos como Seville Orange: Naranja de Sevilla. Uno de los aromas navideños de nuestra ciudad es el proporcionado por el contingente de estas “manzanas doradas”, las robadas por Heracles del Jardín de las Hespérides según la mitología griega, bañando su ácida fragancia los míticos aires de Sevilla. “Y fresco naranjo del patio querido,/ del campo risueño y el huerto soñado,/ siempre en mi recuerdo maduro o florido/ de frondas y aromas y frutos cargado” (A un naranjo y un limonero, Antonio Machado).