Panorama

Las revueltas por el alza del carburante inflaman París

  • Más de 200 detenidos en la capital gala tras una batalla campal muy violenta en las protestas de los 'chalecos amarillos'

Varios manifestantes pertrechados con chalecos amarillos protestan ayer en el Arco del Triunfo de París. Varios manifestantes pertrechados con chalecos amarillos protestan ayer en el Arco del Triunfo de París.

Varios manifestantes pertrechados con chalecos amarillos protestan ayer en el Arco del Triunfo de París. / YOAN VALAT / efe

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El tercer sábado de protestas en Francia contra el alza de impuestos al carburante y el encarecimiento del coste de vida convirtió París en el escenario de una inédita revuelta con barricadas, incendios y destrozos públicos en el centro de la capital, corazón del poder francés. Pese a que las cifras del Gobierno apuntan a una participación menor que en las concentraciones del 17 y el 24 de noviembre -esta última protagonizada también por las escenas violentas en los Campos Elíseos, el volumen de altercados y el número de detenidos (más de 200 en París) y heridos (alrededor de 100) evidenció la radicalización del movimiento.

Hubo 75.000 manifestantes en Francia, según cifras del Ministerio del Interior, frente a los 282.000 del 24 y los 106.000 del primer sábado de protestas. Sin embargo, el número de arrestados superó con creces el de toda la jornada del sábado anterior: 103. Los Campos Elíseos permanecieron cortados al tráfico desde las 6 de la mañana, protegidos por un gran dispositivo de controles e identificaciones para evitar la infiltración de objetos susceptibles de ser utilizados como armas.

Mientras unos 200 chalecos amarillos -la prenda fluorescente que deben tener todos los automovilistas en sus vehículos- se manifestaban de forma pacífica con una pancarta en la que se leía "Macron, deja de tomarnos por imbéciles", fuera del área custodiada, miles de personas forzaban los accesos lanzando adoquines y cócteles molotov, a lo que las autoridades respondieron con cañones de agua y gases lacrimógenos.

"Desde muy temprano, individuos equipados y determinados a provocar las fuerzas del orden se reunieron en el exterior del perímetro establecido. Mostraron una gran violencia en ataques que la propia Policía calificó de una violencia inaudita", describió el primer ministro, Edouard Philippe, impactado en particular por el ataque al Arco del Triunfo, fue pintarrajeado con el mensaje Los chalecos amarillos triunfarán y, horas más tarde, su azotea fue ocupada por un grupo de manifestantes.

Las escenas de guerrilla, nunca vistas a estos niveles en la capital, se extendieron por las avenidas colindantes, donde suelen instalarse embajadores y diplomáticos, pero también en el otro extremo de los Campos Elíseos, en la calle Rivoli, con barricadas, coches y terrazas incendiados y comercios destrozados.

Las manifestaciones en otras ciudades del país, como Marsella, Lille o Caen se desarrollaron sin problemas significativos, salvo acciones concretas como un asalto a la verja de la Prefectura de Policía en Le Puy-en-Velay, que fue controlado por las autoridades, y un enfrentamiento con las autoridades en Toulouse.

"Estamos en la compleja situación de garantizar la seguridad de los ciudadanos cuando apenas logramos proteger a nuestros agentes", declaró una portavoz policial de París. Los analistas señalaban en la prensa gala una voluntad de atacar directamente al "corazón de París", como señalaron también algunos manifestantes. Además, la división en el seno del movimiento se hizo más visible, con una parte que rechazó las acciones violentas mientras que una mayoría decía comprender "el hartazgo" o minimizaba su importancia.

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