Más pastores en tiempos de crisis
La profesión de pastor, sobre todo de ovejas, repunta en las comarcas sevillanas · El sueldo apenas supera los 1.000 euros por una jornada mínima de doce horas
El pastoreo ha pasado de ser una profesión ingrata a convertirse en un sector refugio en medio de la crisis en la provincia de Sevilla. El pastoreo gana adeptos en la provincia de Sevilla, donde ha dejado de considerarse, junto con la de guardés, en una profesión de difícil ocupabilidad, según la catalogación del Servicio Andaluz de Empleo (SAE).
Cuidar de ovejas y cabras, un trabajo sacrificado según quienes se han dedicado a esta tarea durante toda la vida, se ha convertido en un regalo cuando la agricultura no es capaz de absorber el incremento de demandantes de empleo que ha propiciado la crisis de la construcción en los pueblos.
En las sierras Norte y Sur, en la Campiña, en los corredores del Guadiamar y La Plata y hasta en la Vega, el repunte del pastoreo es visible en las últimas fechas. "Creíamos que se trataba de una profesión con poco futuro, pero ahora más gente quiere ser pastor cuando hace apenas un año costaba la misma vida que se contratara a alguien", explica Aquilino Roldán, responsable en Sevilla de la sección de Ganadería de la COAG.
El sueldo apenas supera los 1.000 euros por unas doce horas de trabajo continuado que no entiende ni de festivos ni de inclemencias meteorológicas. "El ganado hay que sacarlo y hay que darle de comer haga sol, ventee o truene", describe Roldán, quien señala "en el campo no se trabaja cuando llueve".
Quienes han mantenido su propia cabaña y quisieron abandonarla hace unos meses, ahora se agarran a sus ovejas y cabras como medio de sustento. Así que el repunte de las contrataciones se ha producido en explotaciones con una amplia base territorial. La razón hay que buscarla en que la persona que es contratada como pastor desempeña otras tareas "complementarias", como es el cuidado y la guarda de la finca.
Aquilino Roldán reconoce que estos contratos, de los que antaño se beneficiaban los inmigrantes, ahora son deseados por la población local. Aunque hay bolivianos, colombianos y rumanos, con experiencia en el cuidado de animales en sus países de origen, que aún siguen desempeñando esta tarea en el campo sevillano. De la falta de experiencia de sus convecinos se queja Justo Domínguez, un ganadero de El Castillo de las Guardas. "Si no se tiene una experiencia en este campo, es muy difícil que una persona pueda estar al cargo de un rebaño", resalta. "Se puede llegar a desesperar y hay gente que no aguanta estar doce horas al cuidado de unos animales" porque es un oficio "más complejo de lo que parece".
Este ganadero ha realizado varias ofertas para conseguir a alguien al cuidado de sus ovejas, ya que las cabras las dio por imposible porque "exigen una atención de 24 horas, no hay descanso porque, además de sacarlas y que coman por ahí, hay que ordeñarlas y eso retrae a mucha gente". Amén de colocar anuncios oficiales, este ganadero conoce que otros muchos han recibido ofrecimientos de conocidos para cuidar de las cabañas.
"Son gente que necesita peonadas" -estos trabajadores cotizan por el sistema especial agrario- y que están "un tanto desesperados". "Luego -relata Justo Domínguez- se aburren y se van. Son muchas horas de trabajo".
En El Corredor de la Plata, el pastoreo se limita a la oveja de carne. Cada vez quedan menos cabras, aunque en otras poblaciones de la Sierra Norte y en localidades de la Vega del Guadalquivir, quedan rebaños por cuidar, pero son los propietarios quienes se ocupan de su ganado caprino, cada vez más exiguo. La experiencia es clave porque saber atender el parto de un animal, por ejemplo, es fundamental. El repunte del pastoreo como salida laboral tiene, además, otras consecuencias beneficiosas para el medio ambiente. Asaja-Sevilla resalta el valor de esta actividad para la prevención de incendios forestales, ya que los animales "se comen" el combustible del fuego: el pastizal seco que predomina en verano en el paisaje de la campiña o las sierras.
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