Betis - Athletic | La crónica

Betis, el león no estaba muerto

  • Los verdiblancos dejan escapar las semifinales de la Copa en la tanda de penaltis después de que el Athletic forzara la prórroga en la última jugada del partido

  • Juanmi marcó en el minuto 84 y Raúl García igualó en el 93

Yuri marca el penalti definitivo que apeó al Betis de la Copa del Rey. Yuri marca el penalti definitivo que apeó al Betis de la Copa del Rey.

Yuri marca el penalti definitivo que apeó al Betis de la Copa del Rey. / Antonio Pizarro

Dolorosísima fue la eliminación del Betis de esta Copa del Rey que tan golosa se le había puesto. Si en la final de la primera edición la fortuna sonrió a los heliopolitanos en aquella inolvidable tanda que coronó a Esnaola y si hace 16 años fue Toni Doblas el héroe de las semifinales en San Mamés, esta vez el destino sonrió al Athletic desde los once metros después de que Raúl García forzara la prórroga en la última jugada del partido. Juanmi había hecho justicia con su volea en el minuto 84. Pero el deporte no entiende de justos.

Los vizcaínos aguantaron como pudieron en la media hora de añadido, lo fiaron todo a los penaltis y su frialdad y precisión justificó tan arriesgada táctica. En los béticos, derrengados algunos por tamaño esfuerzo, las miradas no destilaban confianza cuando se encaminaban a los lanzamientos. Mandi marcó el primero, pero luego, caprichos de ese destino tan cruel, ese crack que es Canales, un lujazo de futbolista que disfruta el Betis, lanzó mal, centrado. Y Juanmi, que iba para héroe por accidente un rato antes, también erró en el tercero. Como los vascos empezaron tirando y todos los convertían –Raúl García, Iñaki Williams, Morcillo–, le quedó a Yuri la sentencia y no perdonó.

Cruel, cruel. Cruel hasta decir basta. Nadie esperaba ese último zarpazo desesperado del león. El Betis lo creyó muerto. La afición bética, sufridora como pocas pero festiva como casi ninguna, ya paladeaba otro sonado éxito ante los vizcaínos. Y muy oportuno por muchas cosas. Pero Íñigo Martínez subió por el carril izquierdo y colgó al corazón del área un centro perfecto, combado, tenso, entre Sidnei y Víctor Ruiz. Allí emergió el mejor cabeceador del fútbol español en los últimos años, Raúl García, para segar las ilusiones verdiblancas con su seco e inapelable testarazo.

Pero la crueldad no quedó ahí. El Betis, que ya había sido mejor que su oponente durante la mayor parte de los 94 minutos, sacó casta, orgullo, redaños y algo de fútbol para hacer más méritos en la media hora añadida. Y eso que el golpe moral del empate fue mayúsculo. Y que además, Pellegrini había sacrificado en los estertores del pleito a Borja Iglesias y a Fekir por Sidnei y Guardado para defender el gol de Juanmi como lo que era, un fabuloso tesoro. Quedó un once extraño. Sobre todo cuando Joaquín entró por Guido y se quedó Sidnei en la medular con William, más Guardado a su izquierda, el portuense a la derecha pero yendo a zona de remate y Canales rebañando sus ya escasas fuerzas entre líneas para que Juanmi tratara de cazar otra.

Marcelino, por su parte, no varió nada en el tiempo añadido. Poco antes entraron Vencedor y Unai Núñez por Dani García y Vesga, lo que mermó la medular vasca sobremanera. Y Pellegrini dio su último retoque con Emerson por Miranda, muy tocado por un golpe en el tobillo, y Tello por William para ubicar por dentro a Guardado y darle la banda izquierda al catalán. Llegó mucho el Betis, amenazó, Joaquín tuvo dos opciones de remate, Juanmi otra. El Athletic sufría y clamaba por los penaltis. Y su deseo se hizo realidad.

Fue injusto, sí. Porque el Athletic sólo fue superior en los primeros veinte minutos de partido. Mikel Vesga y Dani García se hicieron con el control en la zona ancha. Los leones confiaron en su teórica superioridad en los balones largos a Villalibre y Raúl García, pero ahí Mandi estuvo en su sitio y Víctor Ruiz, cada vez más acoplado al grupo, se agrandó.

Quien empezó a estirar a los anfitriones fue Aitor Ruibal por la derecha. Se le coló a Yuri varias veces y en una de ella, el bético dibujó un pase raso con su carga de veneno que Yerai no acertó a despejar. Canales recibió el cuero, pero había que tirar rápido y lo hizo con su pierna menos buena, la derecha, al lateral de la red (28’).

El resto del partido fue de rabioso color verde. Guido ya plantó sus reales, los centrales se anticiparon a sus pares sin faltas y eso hizo que Fekir y Canales entraran más en juego. El francés fue entrando cada vez más en contacto con la pelota entre líneas y hasta pudo cambiar el guión si Hernández Hernández hubiera amonestado por segunda vez a Yerai cuando soltó una destemplada patada por detrás al galo en la banda. Era el principio de la segunda mitad.

Cierto es que la gran ocasión de la segunda parte fue vasca, en un cabezazo alto por poco de De Marcos (71’). Parecía que el viento seguía soplando de cola para el Betis. De hecho, marcó Juanmi casi al final. Pero los verdiblancos creyeron ver muerto al león. Y no lo estaba.

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