Demasiado mutis para tanto foro

BETIS | VALENCIA

Al Betis le faltó ambición para llevarse los tres puntos ante un Valencia inseguro y carente de ideas de cara al gol

Los béticos tuvieron ocasiones, pero pecaron de cierto conformismo

El entrenador del Betis, Víctor Sánchez, se dirige al banquillo después de impartir instrucciones en el área técnica.
El entrenador del Betis, Víctor Sánchez, se dirige al banquillo después de impartir instrucciones en el área técnica. / Fotos: Antonio Pizarro
Miguel Lasida

12 de febrero 2017 - 02:34

Si el día -frío y lluvioso- no se presentó para fiestas ni alharacas, la hora clavó la puntilla definitiva. En diversas fases del encuentro los futbolistas verdiblancos parecieron contagiados del contexto de una desangelada jornada y de una hora malaje en las que los aficionados, justo después de entrar por los tornos, dudaban entre tomarse un café tardío o una temprana cerveza. Ni chicha ni limoná, como el partido, que fue extraño y sin dueño en un momento, ante los valencianistas, en el que el Betis debió haber imprimido una ambición que no existió. El equipo acabó haciendo mutis por un foro, el del coliseo bético, que ya empieza a olvidar a qué sabe y a qué suena eso de ganar un partido.

El principal actor de la obra ofensiva en el Betis, Rubén Castro, no disfrutó de la suerte que todo delantero necesita. Y eso que el canario arrancó sin sordina: un trallazo a la cruceta de la portería defendida por Diego Alves daba el primer aviso. Era el minuto siete de partido. Luego Rubén disfrutó de varios de esos balones en el área que no suele fallar, pero en lugar de la luz, como en otras ocasiones, ayer sólo halló sombras, entre negras y anaranjadas, que se interponían entre la pelota y las redes del marco visitante.

El Betis renunció a protagonizar la función y prefirió por huir en el tramo final del choque

Si el día no es de Rubén, como conoce de sobra todo el mundo en Heliópolis, el día no es de nadie. Puede defenderse que el Betis dispuso de más de una decena de ocasiones, de acuerdo; puede sostenerse que disparó más de una docena de veces, también; pero quienquiera que presenciara el encuentro ante el Valencia en el extraño mediodía de ayer llegaría a la conclusión de que al equipo entrenado por Víctor Sánchez le faltó ambición y personalidad para tirarse en tromba sobre la portería valencianista, una curiosa banda.

Otros, en efecto, dirán que enfrente estaba todo un Valencia. ¡Oh, todo el Valencia! Sobrado de toque, generoso a más no poder en las triangulaciones en los tres cuartos del campo, pero poco acercamiento de verdad y mucho embuste. La plantilla del Valencia, con todo lo que brilla, recuerda a la historia de Psalmanazar, ese impostor dieciochesco que engañó a media Europa diciendo que había recorrido la isla de Formosa (actual Taiwán). Aunque Peter Lim es de otra isla, Singapur, comprobados los registros y las sensaciones que desprende su equipo, parece querer reconstruir las posturas, poses e imposturas de Psalmanazar, aquel mentiroso.

El Valencia llegaba a Sevilla después de haber caído goleado en casa ante el Eibar. Un manojito de nervios. Pero ni por ésas. El Betis no sacó provecho de una presa que apestaba a sangre a horrores y prefirió guardar la ropa, no sólo sin nadar sino ni siquiera para probar el agua. Fue la subida de miedirrina que proporcionaban los minutos en el banquillo verdiblanco. Sólo dos cambios realizó Víctor Sánchez y ni una leve variación del sistema que requería un protagonismo inexistente de la medular en adelante .

El Betis renunció a protagonizar la función. Prefirió huir entre bastidores ante una afición que esperaba un triunfo de verdad. La verdad ya no existe y ha sido sustituida por una líquida certeza de sinrazones, que son las imprecisiones e interrupciones que reemplazaron al correcalles sin sesera de la primera mitad. El respetable no daba crédito. El equipo bético optó por no morder ante un Valencia impostor y mortecino. En Heliópolis volvió a señorear la medianía, que optó a hacer mutis con tal de no errar con el guión. Y el guión sigue siendo el puntito.

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