El otro partido | Levante-Betis ¡Al paragüero, que llueve!

  • La derrota deja tocado al técnico y hará que las miradas se dirijan ya a un palco que no reaccionó antes

  • El equipo no compareció en el Ciutat de Valencia y salió entregado desde el inicio

Róber Pier intenta superar a Marc Bartra. Róber Pier intenta superar a Marc Bartra.

Róber Pier intenta superar a Marc Bartra. / Kai Försterling (EFE)

Quien no se consuela es porque no quiere. Con un 70% de posesión para el Betis, Quique Setién tiene números a los que agarrarse. Tirando de estadísticas, de esas que tanto le gustan al técnico, el Levante marcó cuatro tantos con tres remates a portería, los verdiblancos lanzaron un córner más (3-4) y tuvieron casi un 90% de eficacia en los pases. Numerazos. Ahora bien, lo que valen son los goles. ¿Alguien recuerda un sola acción de peligro real, no del juego de ficción del que a menudo habla el cántabro, del equipo sevillano?

Que sí, que hace poco el club hispalense peleaba por mantenerse, pero lo de mirar atrás en busca de una comparación positiva no puede ser sólo un vistazo en el tiempo que a uno le convenga, porque depende hasta cuando retrocedas incluso puedes salir con la cara pintada. En el deporte profesional hay que hablar del aquí y el ahora y con el presupuesto que manejaba la entidad heliopolitana y con un entrenador que hace no mucho hablaba de pelear por la Champions es para dejar los discursos banales atrás y recular de una vez.

Ante el Levante, el equipo más goleado de la categoría, el Betis no marcó y recibió siete tantos

Y es que Europa queda ya muy lejos y el Levante, que en los últimos nueve partidos había perdido cinco y empatado cuatro para meterse en la lucha por la salvación, barrió del campo a un Betis sin alma, un Betis que es de Setién tanto como el que ganó en el Camp Nou, pero el problema es que desde el inicio de 2019 se ha parecido más veces al que compareció en el Ciutat de Valencia para encajar su quinta derrota en los siete últimos choques (de los que sólo ganó un partido), precisamente cuando se quedó con una sola competición tras tirar la Liga Europa y dejar escapar por sus errores la final de Copa.

Las caras de los jugadores béticos en el césped eran un poema. No con el 4-0, sino que casi desde que Campaña abriese el marcador en el minuto 9 en una desconexión de toda la defensa impropia de un equipo profesional que se está jugando la temporada. Sin apenas verticalidad, con Tello y Joaquín sentados en el banquillo, el toque y retoque ya no sorprende a nadie como lo hizo el pasado ejercicio. Evolucionar no es colocar a Sidnei de lateral derecho, precisamente. Mucho menos sentenciar a uno u otro para darle sitio a un chaval voluntarioso como Kaptoum que, por mucho que juegue, da para lo que da y ni siquiera destacaba en el filial.

Se jugaba el cuadro sevillano sus opciones ante un Levante acuciado en la clasificación, pero este Betis levanta a un muerto. Incluso al equipo más goleado de la categoría, al que en ninguno de los dos envites ha sido capaz de hacerle un tanto y contra el que ha recibido siete (0-3 en la primera vuelta), y que llevaba casi tres meses sin dejar su portería a cero (desde el 0-0 en casa con el Getafe el 2 de febrero). Encajó cuatro dianas y ni un chiste de Joaquín (que al menos demostró sangre protestándolo todo) ni un tuit de Eder Sarabia levantaba ya el ánimo de una tropa a la que le quedan cuatro partidos por delante y un plebiscito, el lunes ante el Espanyol, a su entrenador en un Benito Villamarín que ya el pasado domingo habló alto y claro. Otra cosa es que el que manda escuche, aunque ya para lo que queda en el convento, mejor no mover ni un varal y que cada uno aguante el chaparrón como pueda. ¡Saquen los paraguas, que llueve!

El colegiado Jaime Latre consulta el VAR. El colegiado Jaime Latre consulta el VAR.

El colegiado Jaime Latre consulta el VAR. / Kai Försterling (EFE)

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