Rioja y Oro

De los vestidos de Fortuny a la cena con la Sabater

  • Se cumple siglo y medio del nacimiento de un andaluz que cambió la moda

  • El Reino Unido limita los filtros de belleza en las redes

Colección de vestidos Delphos, una de las aportaciones de Mariano Fortuny a la moda. Colección de vestidos Delphos, una de las aportaciones de Mariano Fortuny a la moda.

Colección de vestidos Delphos, una de las aportaciones de Mariano Fortuny a la moda. / D. S.

Hace un siglo un granadino cambió por completo la moda femenina. Para lograrlo no tuvo que hacer otra cosa que fijarse en el pasado. Puso su mirada en el mundo clásico. La antigua Grecia y los vestidos que lucían las mujeres en aquel entonces le sirvieron de inspiración. Una revolución. Adiós corsés y trajes pomposos. Con Mariano Fortuny y Madrazo llegó la liberación. De este genio –un hombre del Renacimiento en los albores de la pasada centuria– se cumple siglo y medio de su nacimiento.

Aunque la mayor parte de su vida la pasó entre París y Venecia, Fortuny nunca olvidó sus raíces andaluzas. Su mayor creación en el ámbito de la moda fue el vestido Delphos, caracterizado por un plisado que tomó de las estatuas helenas. Aquello rompió por completo los esquemas de una era en la que el cuerpo de la mujer aún permanecía oculto bajo vestimentas de generosos volúmenes.

Tal fue su arriesgada apuesta que el modelo Delphos estaba concebido para no llevar nada debajo. Adiós, también, a la lencería. No faltaron quienes se atrevieron a romper con la tradición, los convencionalismos y los tabúes. Entre ellas, varias aristócratas europeas que formaban parte del círculo de amistades de Fortuny.

Modelos posando con los vestidos Delphos, creados por Fortuny. Modelos posando con los vestidos Delphos, creados por Fortuny.

Modelos posando con los vestidos Delphos, creados por Fortuny. / D. S.

Las creaciones del granadino no se limitaron a la moda, sino que fueron más allá. La escenografía constituía otra de sus pasiones y fue en este ámbito donde inventó una característica iluminación indirecta a la hora de dotar de luz artificial los escenarios.

El Palacio Fortuny, en Venecia. El Palacio Fortuny, en Venecia.

El Palacio Fortuny, en Venecia. / D. S.

Criado en un ambiente totalmente artístico (su padre, el famoso pintor Mariano Fortuny y Marsal; y su madre, Cecilia de Madrazo, hija también de un importante pintor), uno de los secretos mejor guardados hasta el momento ha sido la elaboración de los tintes con los que coloreaba los vestidos. Hasta la fecha, nadie ha podido averiguar cómo lograba crearlos. De hecho, existe una leyenda según la cual, una vez fallecido el artista, su esposa, Henriette Negrin, lanzó los tintes a los canales venecianos para que nadie pudiera usarlos.

Cerco a los filtros engañosos

“¡Qué tiempos aquellos en los que el mundo clásico servía de inspiración. Eran los ‘influencers’ de la época”. ¡Qué horror de palabra, me niego a usarla! “Pues acostúmbrese que ahí va otra ración: ‘youtubers’ e ‘instagramers’”. ¡Qué espanto para mis oídos! Por cierto, hablando de redes sociales, los británicos se han puesto serios con los anuncios que se publican por esos lares. A partir de ahora, todo aquel que se considere influencer (no sé dónde reparten el carné para ejercer como tal) tienen prohibido el uso de filtros de belleza cuando publiciten productos de cosmética. Así que se acabaron esos artificios digitales que ponen la piel tan tersa y rejuvenecida como el cutis de un infante. Ni trampa ni cartón.

Si usted tiene poros, cicatrices y arrugas, vaya acostumbrándose a mostrarlos tal cual, sin tapujos ni complejos. No se avergüence de lucir la marca del tiempo –que diría un cursi–, aunque corra el riesgo de perder un buen puñado de followers (¡qué empacho de anglicismos me estoy dando hoy!). Ya aquí, en España, tenemos unos cuantos famosos bastante adictos a los filtros de belleza a la hora de publicar sus fotos en las redes, algo, por otra parte, muy habitual desde hace décadas en las revistas del corazón.

Un retoque que da mucho que hablar

De hecho, una de mucho renombre (donde suelen posar las celebrities de más prestigio) ha sido noticia las últimas semanas tras saberse que cambió el color de los ojos de una recién nacida por expreso deseo de su abuela, cuyo nombre no digo porque he hecho la sana promesa de no citarla (por una vez y sin que sirva de precedente) en la entrega de hoy. “¡Eso es preselección genética digital!”. No se me ponga tan drámatico, que tampoco es tanto. Un capricho que pidió y le dieron.

Los admiradores de Leticia Sabater pueden cenar con ella por 300 euros. Los admiradores de Leticia Sabater pueden cenar con ella por 300 euros.

Los admiradores de Leticia Sabater pueden cenar con ella por 300 euros. / D. S.

Y en el mundo de los caprichos, como en el de los colores (acuérdese de Fortuny), hay para todos los gustos. Fíjese que existen personas dispuestas a pagar 300 euros por cenar con Leticia Sabater. Ahórrense la cara de perplejidad. Es uno de los productos que la cantante del Salchipapa vende en su tienda on line, que mezcla artículos físicos (de los que se llevan a casa) y “experiencias vitales”, como la de compartir mesa y mantel con la que fuera en su día presentadora de programas infantiles (puede que por ahí comenzara el declive de Occidente). Eso sí, no se garantiza que tras el condumio se concilie fácilmente el sueño. “Habrá que contar ovejas”. Y cabras, muchas cabras.

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