Las hermandades de la Semana Santa: entre la pérdida de la esencia y los excesos

Cómo hemos cambiado

Se tienen que adaptar a realidades cada vez más complejas y cambios en cómo la ciudad vive la Semana Santa.

Las cofradías han experimentado una mejora de sus enseres y pasos.

La virgen de la Estrella a principios de los 90.
La virgen de la Estrella a principios de los 90. / Ruesga Bono

Las hermandades de la Semana Santa de Sevilla se encuentran inmersas en un complejo proceso de cambio, tanto en las formas como en su propia esencia, que es consustancial a la dinámica de la propia sociedad.

Esas transformaciones afectan tanto a la vida diaria de la corporación, como a su proyección externa. En las últimas décadas también se han producido renovaciones estéticas, algunas sutiles, como las innovaciones en los exornos florales; o más radicales, como los múltiples estrenos.

Hay una tendencia a un cambio importante en la esencia de las hermandades que apenas había cambiado en 500 años, como explica Joaquín de la Peña, hermano mayor de la Reina de Todos los Santos, ex secretario del Consejo de Cofradías, y estrecho colaborador del Arzobispado y la Catedral: "Antes había un binomio profundo entre las hermandades y las imágenes. La imagen era una instrumento hacia lo trascendente. Ahora se ha convertido en una excusa para el disfrute propio, como demuestra el auge de las priostías o los vestidores. Muchas veces ya no se busca la trascendencia sino la satisfacción o un sentimentalismo a flor de piel".

En sus formas las hermandades también han cambiado muchísimo. Unas veces por la realidad social y demográfica; y otra por su propia evolución. La transformación de la vida de la corporación es evidente. "Antes ibas a la hermandad a convivir. Ahora es para muchos un sufrimiento pertenecer a una junta de gobierno. La gestión cada vez es más complicada, lo que ha llevado a una pérdida importante de espontaneidad. Todo está mucho más institucionalizado", apunta de la Peña.

El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta en los años 90.
El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta en los años 90. / Ruesga Bono

La propia relación con la sociedad también ha cambiado. Esa complejidad habría llevado a las hermandades a caer en manos de los poderes establecidos y a salir de las del pueblo. "Por ejemplo, los aforamientos, muchos pedidos por las propias cofradías, son un torpedo en su línea de flotación. No digo que no sean necesarios, pero las cofradías necesitan esa relación con la sociedad y el pueblo. Mientras más se aparten, más traicionan sus orígenes", sostiene de la Peña.

La necesidad de adaptación a esa realidad cada vez más compleja es la gran cuestión pendiente de resolver. ¿Quién mira por el conjunto de la Semana Santa? ¿Quién establece unos parámetros que sirvan para el bien común? "Eso no lo hemos resuelto todavía. Ese organismo que debía ser el Consejo surge en Sevilla por la voluntad de la autoridad eclesiástica. El Consejo sigue contando con cierta desconfianza por parte del Arzobispado y de las propias hermandades. No sucede como en Málaga, por ejemplo, donde la Agrupación se crea por iniciativa de las hermandades", reflexiona de la Peña.

La calle Tetuán copada por sillitas el pasado Lunes Santo.
La calle Tetuán copada por sillitas el pasado Lunes Santo. / D. S.

También se han producido cambios en como la propia ciudad vive la Semana Santa. "Las sillitas, la falta de respeto... son consecuencia de la educación. Hay una pérdida de valores que se transmitían en la familia. A nadie se le explicaba cómo había que ver las cofradías. El propio sentido religioso de las hermandades se está perdiendo".

¿Y Cómo han cambiado las cofradías? El crecimiento experimentado, tanto en lo social como en lo económico, las ha llevado a renovar su patrimonio en las últimas décadas, aunque no siempre con un buen resultado. Se han cambiado hasta siete pasos de misterio y algunas escenas se han remodelado o sustituido por completo. Hay tres hermandades, contando con el Nazareno de la Humildad del Cerro, que han aumentado su número de pasos.

Ha habido intentos para cambiar imágenes titulares, como frustradas incorporaciones y proyectos que se quedaron guardados en un cajón. También se han multiplicado los cultos externos –vía crucis y rosarios–, los carteles anunciadores y los pregones, exaltaciones y meditaciones, editados y organizados por las hermandades. Han sido los años de las grandes restauraciones y de la eclosión de las coronaciones canónicas y salidas extraordinarias que han batido récords de estancia en la calle.

La Virgen de la Estrella tras su restauración por el IAPH.
La Virgen de la Estrella tras su restauración por el IAPH. / Ruesga Bono

Las hermandades se han conjurado en los últimos años para velar por su patrimonio, empezando por las restauraciones de sus imágenes titulares. Prácticamente todas han pasado por el taller en las últimas décadas. Algunas varias veces. Las grandes imágenes de la Semana Santa no han sido una excepción: el Señor del Gran Poder, la Esperanza Macarena, el Señor de Pasión, la Virgen de la Victoria, el Cristo de la Buena Muerte, la Virgen de la Encarnación, la Virgen de la Estrella, la Esperanza de Triana, el Cristo de las Tres Caídas... una de las pendientes es, sin duda, la del Cristo del Amor.

Hermandades como la Resurrección y la Trinidad han sumado un nuevo paso a su cortejo. La primera incorporó en 1992 el paso de palio de la Virgen de la Aurora, Dolorosa tallada por Dubé de Luque. Este paso fue el estreno triunfal de los Hermanos Delgado, que realizaron magníficas piezas de orfebrería. La Hermandad de la Trinidad, por su parte, recuperó en 1994 el paso del Sagrado Decreto.

El Nazareno de la Humildad del Cerro en su paso.
El Nazareno de la Humildad del Cerro en su paso. / Juan Carlos Vázquez

Este año será novedad el tercer paso del Cerro del Águila. La cofradía, con su buen hacer característico, ha trabajado pacientemente en este proyecto. El paso lo ha realizado Francisco Verdugo, elegido por concurso. El Nazareno de la Humildad es una fantástica obra de Juan Manuel Miñarro que llegó a la hermandad en 2004 y que se ha ido ganando la devoción del barrio.

Las hermandades del Polígono, el Carmen y el Sol han aportado nuevos pasajes a la Semana Santa. La primera, la del momento en que Jesús es acusado por Caifás en presencia de Herodes, con buenas tallas de Álvarez Duarte; el Carmen, las Negaciones de San Pedro; y el Sol, además de la iconografía del Varón de Dolores, ha recuperado la sagrada conversación bajo palio, una escena que se perdió a principios del siglo XX.

La bonanza económica, en buena parte consecuencia del aumento de las subvenciones por la explotación de la carrera oficial, ha llevado a las cofradía a afrontar importantes proyectos. Unas han cambiado sus pasos de misterio en estos años, algunas de ellas perdiendo andas con personalidad propia. Entre las que han cambiado sus pasos están la Redención, San Gonzalo, la Vera Cruz, las Aguas, el Cerro o la Trinidad. Otras corporaciones, como la Resurrección, ha remodelado su primer paso.

La Virgen de la Estrella en su paso de palio a principios de los años 90.
La Virgen de la Estrella en su paso de palio a principios de los años 90. / Ruesga Bono

El Cachorro también aprobó el año pasado algunas mejoras en el suyo. Los Estudiantes planteará el próximo año a sus hermanos la realización de un nuevo paso para el Cristo de la Buena Muerte. Se han remodelado las escenas de la Borriquita. Jesús Despojado cambió su misterio, como también hizo las Cigarreras; mientras que el Buen Fin perdió el suyo. Los Javieres incorporó la imagen de San Juan a su paso palio.

Ha habido grandes estrenos de bordados, como el palio de la Estrella, el de la Sed, el Polígono, el Rocío... y mantos, con dos donaciones con solera, la de Lopera al Gran Poder y la de la Duquesa de Alba a los Gitanos. Hay pasos que han renovado toda su orfebrería. Plata por metal plateado.

Por el camino también se han quedado importantes proyectos. Como la idea de sacar en un paso al Cristo del Mayor Dolor, en la Bofetá, tumbado por un cabildo de hermanos; y el Crucificado de la Salvación, en la Soledad de San Buenaventura, hermandad que incluso se planteó un cambio de sede canónica ante la negativa de los frailes franciscanos.

El Cristo de la Salvación de San Buenaventura en el año 2011.
El Cristo de la Salvación de San Buenaventura en el año 2011. / Antonio Pizarro

También se han multiplicado hasta el exceso los actos de cultos externos, principalmente los vía crucis durante la cuaresma; algo que requiere un gran esfuerzo por parte del Ayuntamiento para organizar los operativos. En los años 80 se podían contar con una mano: Hiniesta, Lanzada, Mayor Dolor (Bofetá), Trinidad... Hoy son muchos más. Como también sucede con los rosarios de la aurora, procesiones extraordinarias, que han motivado que hasta el Arzobispado tenga que regularlas por decreto, y coronaciones canónicas debido a los múltiples excesos cometidos.

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