Pedro Manzano practicará una leve restauración a la Virgen de las Lágrimas tras la Semana Santa
Los hermanos aprobaron en cabildo extraordinario esta intervención puntual para resanar algunos detalles de la talla
Será retirada del culto una vez finalice la estación de penitencia del Jueves Santo
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Los cofrades de La Exaltación, reunidos en cabildo general extraordinario este pasado martes, aprobaron por unanimidad la propuesta de la junta de gobierno de acometer una puntual restauración sobre su dolorosa titular, la Virgen de las Lágrimas. La imagen, en concreto, será retirada del culto una vez finalice la próxima Semana Santa para ser trasladada al taller de Pedro Manzano, quien será el encargado de acometer estas labores.
La intervención, que se extenderá por un periodo de quince días, consistirá en una actuación a nivel de soporte, consolidando las fisuras y ensambles abiertos para restituir su estabilidad estructural, tal y como apuntan fuentes de la hermandad a este periódico. También se intervendrá a nivel de policromía sobre todo en las zonas más afectadas por los cambios de vestimenta y similares. Hay que remontarse a 2007 para situar la última restauración realizada sobre esta soberbia dolorosa.
Manzano ha sido el profesional designado por esta corporación tal y como ha ocurrido en otras ocasiones con el vasto patrimonio que posee la misma. Recientemente restauró a la Inmaculada que preside la capilla sacramental de la iglesia, uno de los máximos exponentes del barroco español, y por supuesto hay que reseñar la profunda y compleja intervención que desarolló allá por 2008 sobre la imagen del crucificado, que se prolongó durante casi quince meses y en la que consiguió devolver el estado más óptimo de la obra atribuida a Pedro Roldán.
Nuestra Señora de las Lágrimas es una talla barroca anónima del siglo XVII, atribuida por muchos profesionales a Luisa Roldán, “La Roldana”. Está tallada en madera de Cedrella y policromada al óleo. La estética de su rostro se separa de los postulados sevillanos habituales, pues es alargado y de mandíbula ancha. El leve fruncimiento de las cejas nos ofrece un sentimiento de dolor muy personal, íntimo y recogido, acrecentado por las cinco lágrimas que surcan su rostro, dos en la mejilla derecha y tres en la izquierda. Su expresión queda suavizada por la dulzura de su mirada baja y su sutil inclinación, dotando a la Imagen de la Señora de una profunda unción sagrada y un encanto único en nuestra Semana Santa.
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