Aprendizaje natural de la Fotografía
calle rioja
Estirpe. La saga de los Ruesga, padre e hijo, enseña su acervo común, una mirada distinta de captar la realidad con la que vivieron el tránsito del periodismo digital al analógico.
SI algo define el estilo de padre e hijo, de Ruesga Bono (Sevilla, 1945) y Alejandro Ruesga (Sevilla, 1974) es que captan con la cámara, lo han sabido hacer a lo largo de casi medio siglo de fotoperiodismo, lo que casi nadie ve. "En las fotos de fútbol, por ejemplo", dice Alejandro Ruesga, "lo que menos perseguía mi padre era el balón". "Mi hijo hace eso y lo mejora. Sabe ver la foto muy bien", apunta el progenitor.
Ver la foto. Qué hermosa redundancia del padre para elogiar al hijo. Lo que nadie ve. Ese ángulo de la no-visión es la esencia del relato fotográfico de Julio Cortázar Las babas del diablo que llevó al cine Antonioni (Blow Up). Por eso una de las fotos históricas de Ruesga Bono, Iríbar y Esnaola saludándose en la final de la Copa del Rey del 25 de junio de 1977, coincidió el mismo año que el Nobel del poeta sevillano Vicente Aleixandre. Y una de las imágenes inolvidables de su hijo Alejandro, el camero Sergio Ramos y el palaciego Jesús Navas buscándolo tras la final del Mundial de Sudáfrica para que los recogiera con la camiseta de Antonio Puerta, fue el mismo año 2010 del Nobel para Vargas Llosa.
Las dos fotos formaron parte de la selecta nevería -los dos nacieron en verano- que eligieron para la charla sobre Fotografía que impartieron estas dos generaciones en el Patio Banderas, dentro de las actividades del Otoño Cultural de Huelva.
Llegaron a coincidir los dos en Diario 16 Andalucía y en Diario de Sevilla. El padre empezó, gracias al ojo clínico de Javierre, en el decano de los periódicos viejos, El Correo de Andalucía. El hijo es jefe de fotografía en el decano de los periódicos nuevos, El País. Ruesga Bono es coetáneo de la guerra de Vietnam. Alejandro estaba anoche inmerso en la edición del material gráfico del tiroteo de California. Allí en Madrid les sonará a chino a sus compañeros que este fotógrafo sea listero de palio de la Estrella. Una de las devociones que le transmitió, con absoluta naturalidad, su padre. Las otras dos son la fotografía y el sevillismo.
Ruesga Bono nace en un corral de vecinos de la Cava de los Gitanos de Triana el 28 de junio de 1945. Un verano después, el Sevilla ganó la única Liga de su vitrina. Alejandro Ruesga, de la quinta de Susana Díaz, nace el 28 de julio de 1974, el mes favorito de su padre, trianero del año en la Velá del año del gol de Iniesta. El vástago vino al mundo el último año que España faltó a un Mundial (Alemania 74), pero desde que Suker marcó en Atenas con un gol que eliminó al Olympiakos no ha hecho más que conocer triunfos de su equipo y ser notario gráfico de las Eurocopas de Viena y Kiev y el primer Mundial africano de la historia.
¿Padre analógico, hijo digital? Generacionalmente sí, pero Ruesga Bono conoció los albores de la fotografía digital del mismo modo que Alejandro Ruesga convivió con los últimos estertores de la analógica y las fotos de papel. Con quien firma estas líneas llegó a realizar un viaje iniciático a Sorihuela de Guadalimar, entrañas de la provincia de Jaén.
Luis Carlos Peris glosó los méritos de la saga. Juan Manuel Ávila introdujo el diálogo y Miguel Ángel Moreno lo moderó. Una estirpe sin imposiciones ni determinismos. El aprendizaje natural del niño que acompañaba a su padre en la alquimia de la imagen. La primera cámara de fotos, una Urana N3, se la regaló a Ruesga Bono con quince años su padre, Mariano Ruesga. "Yo nunca le regalé una cámara a Alejandro, él empezó a coger las mías. Nunca le dije que se dedicara a este oficio. Salió solo".
El padre pasó por todos los periódicos que se venden en los quioscos de Sevilla, salvo el de Ortega Spottorno en el que trabaja su hijo. Un guiño de la memoria le lleva a matizar. "Una vez salió mi firma en El País. A través de mi hijo, Alfredo Relaño publicó la foto del saludo de Iríbar y Esnaola en el Vicente Calderón para los reportajes de Fútbol en blanco y negro". Como Ruesga Bono no es supersticioso, en la foto de equipo del Betis de esa final sacó a trece: el once inicial, incluido Javier López, el bigoleador, Iriondo y Vicente Montiel.
Ayer el hijo estaba con el tiroteo de California y el padre ejercía de abuelo. Los cinco nietos que ahora tienen a un padre -y un tío- en los periódicos. El que cogió el testigo del gran Ruesga Bono, que cubrió la visita de Juan Pablo II a Sevilla en 1982 y siguió el primer trofeo Ciudad de Sevilla contra el Honved. Cuando los húngaros eran los húngaros.
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