Sevilla

Armenios en Sevilla: a seis mil kilómetros de la guerra

  • Cuatro jóvenes armenios asentados en la capital andaluza relatan su "rabia e impotencia" por el olvido de Europa al conflicto que ha librado su país contra Azerbaiyán en los últimos dos meses

Khoren Nasoyan, Anush Aghajanyan, Njdeh Harotonian y Zina Mantashyan, en la avenida de la Buhaira. Khoren Nasoyan, Anush Aghajanyan, Njdeh Harotonian y Zina Mantashyan, en la avenida de la Buhaira.

Khoren Nasoyan, Anush Aghajanyan, Njdeh Harotonian y Zina Mantashyan, en la avenida de la Buhaira. / Juan Carlos Muñoz

Zina Mantashyan ha librado dos guerras en los últimos meses. Una contra el Covid-19 en su puesto de trabajo. Es médico anestesióloga, trabaja en el Hospital Virgen Macarena, actualmente se dedica a cuidados paliativos y trata a pacientes con dolores crónicos. Durante la primera ola de la pandemia del coronavirus estuvo en la UCI intubando y reanimando a enfermos. Su segunda guerra se libra en la distancia, a más de seis mil kilómetros de Sevilla, en una zona llamada Nagorno Karabaj que ella, como armenia que es, prefiere llamar Artsaj.

"He estado pasando consulta y viendo a pacientes que no paraban de llorar. Cuando se marchaban, la que lloraba era yo por lo que estaba ocurriendo en mi país. Llamaba a mi primo, que con 28 años estaba en el campo de batalla defendiendo su casa, a su mujer y a su hija de dos meses. Y la impotencia que sufría es que España, que también es mi país y que me ha dado educación, cultura y una riqueza incalculable, estaba apoyando a Turquía", cuenta esta joven de 31 años, una de las 550 personas que forman la comunidad armenia en Sevilla y provincia.

Ciudadanos armenios protestan en Sevilla, el pasado octubre. Ciudadanos armenios protestan en Sevilla, el pasado octubre.

Ciudadanos armenios protestan en Sevilla, el pasado octubre. / Juan Carlos Vázquez

Zina salió de Armenia con doce años. Primero lo hizo su padre, que se marchó de su país con lo mínimo. "Salió a buscar un futuro mejor para sus hijos, como lo haría cualquiera que vea a los niños viviendo sin luz, sin agua y sin gas". Llegó a España, sin saber el idioma ni conocer a nadie. Es ingeniero, pero trabajó en la vendimia y al año consiguió reunir el suficiente dinero para traerse a su mujer y a sus dos hijas. El viaje no fue fácil. "El primer día nos deportaron. Yo tenía doce años y mi hermana nueve". Pero llegaron. Y cuando lo hicieron, su padre le dio un consejo que nunca se le olvidó: "Aquí no nos conocen ni nos entienden. La única manera de demostrar quiénes somos es con nuestros actos". Se le quedó grabado a fuego. Estudió Medicina y hoy habla cinco idiomas y tiene un extenso currículum.

La historia de los Mantashyan es similar a la de la mayoría de familias armenias que terminaron recalando en España. "Diría que los armenios siempre hemos sido unos buscavidas. Imagina tener que salir de tu país y llegar a un sitio del que no conoces la lengua ni nada, que aunque tengas un oficio o una carrera universitaria, no puedes desempeñarla porque hay que empezar a trabajar de lo que sea porque había que sacar la familia adelante. Mi padre terminó trabajando en la obra y mi madre de limpiadora".

Los cuatro jóvenes armenios, durante un momento de la entrevista. Los cuatro jóvenes armenios, durante un momento de la entrevista.

Los cuatro jóvenes armenios, durante un momento de la entrevista. / Juan Carlos Muñoz

Quien habla es Njdeh Harotonian, 28 años, profesional hotelero. Lo dice con un marcadísimo acento sevillano, pues lleva en la ciudad desde que tenía tres años. "Podría decir que me llamo Juan y no cantaría, ¿verdad?", bromea, y explica que su generación lo ha tenido más fácil que la de sus padres, que tuvo que salir de Armenia cuando "comenzaron los problemas en el territorio", en referencia a la descomposición de la Unión Soviética. Su generación se ha instalado en España y la mayoría de los hijos de aquellos armenios emigrantes tienen estudios y profesiones estables. Una de las cosas que más les duele es que el Estado español siga sin reconocer el genocidio armenio de 1915, considerado el primer genocidio moderno y cometido por Turquía.

El acento también delata a Anush Aghajanyan, de 27 años especialista en Relaciones Internacionales y Estudios Europeos. Vive en Sevilla desde que tenía nueve y ha sido la encargada de promover esta entrevista. "Hemos hecho tres manifestaciones por Sevilla y nadie nos ha hecho caso. Nos hemos sentido bastante ignorados y olvidados por todos, cuando los armenios estaban siendo víctimas de una limpieza étnica por parte de Azerbaiyán con el apoyo de Turquía".

Una de las protestas de los armenios por el centro de Sevilla. Una de las protestas de los armenios por el centro de Sevilla.

Una de las protestas de los armenios por el centro de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

A la reunión acude también Khoren Nasoyan, de 37 años, emprendedor. Está a caballo entre la generación de jóvenes que salieron de Armenia de pequeño y la anterior. Él lleva casi dos décadas en Sevilla pero antes pasó por otros países europeos, como Polonia o Alemania. Es el único de los cuatro que ha estado recientemente en Armenia. Lo hizo el año pasado y este no ha podido hacerlo por la pandemia. "Estuve un mes y me hubiera quedado toda la vida. No puedo explicar lo que sentí cuando estaba allí. Nada más aterrizar besé el suelo".

Se sienten muy involucrados en la causa aunque sólo hayan estado en su país de pequeños o ni siquiera hayan pisado nunca suelo armenio. La comunidad está muy unida, tienen grupos de WhatsApp con cientos de personas de toda España y han estado reuniendo fondos para ayudar a sus compatriotas en la guerra que han librado, y que por el momento ha cesado con un "doloroso" acuerdo de alto el fuego. Los ataques comenzaron el 27 de septiembre y el cese de las hostilidades se firmó el 10 de noviembre.

Otra imagen de la manifestación por la avenida de la Constitución. Otra imagen de la manifestación por la avenida de la Constitución.

Otra imagen de la manifestación por la avenida de la Constitución. / Juan Carlos Vázquez

"La noche que se firmó el alto el fuego no pude dormir", dice Nasoyan. "Armenia podría haber ganado esta guerra con el apoyo de Francia, su aliado histórico (Jacques Chirac sacó una ley que prohibía cuestionar el genocidio armenio), y de Rusia, que siempre ha sido nuestra hermana mayor pero luego se ha visto que tampoco era tan aliada nuestra". Admiten que una intervención armada de Francia en la zona podría haber provocado una tercera guerra mundial, pero sientan una enorme rabia e indignación por el papel del Gobierno español.

"Azerbaiyán y Turquía ofrecen gas y petróleo. Armenia sólo puede ofrecer historia, patrimonio y cultura. Si no fuera por la diáspora tan grande que hay, no se hablaría de Armenia", lamentan, y recuerdan que hay emplazamientos cristianos antiquísimos que están siendo destruidos por los azeríes. La religión es importantísima para los armenios. Son el único país cristiano en un entorno musulmán. "Por eso también quieren destruirnos. Pero no lo conseguirán". Ni siquiera pudo hacerlo el diluvio universal. El monte Ararat, donde Noé llevó su arca, es el gran símbolo de Armenia.

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