Sevilla

La Casa del Rey Moro: la vivienda más antigua de Sevilla

Vista del patio porticado de la Casa del Rey Moro. Vista del patio porticado de la Casa del Rey Moro.

Vista del patio porticado de la Casa del Rey Moro. / Belén Vargas

Una historia confusa que se presta a la leyenda y unos valores arquitectónicos notables que la hacen única. La Casa del Rey Moro está escondida en la calle Sol. Entre pisos de nueva construcción y caseríos del siglo XIX, una fachada de ladrillos claros con pocos vanos y un torreón llama la atención en el número 103 de esta larga vía de trazado medieval que conecta las collaciones de San Román y Santa Lucía. Junto a la puerta un azulejo advierte que es sede la Fundación Blas Infante. La tiene cedida durante 50 años. De su interior destaca, sobre todo el patio central porticado y un muy interesante artesonado mudéjar en su primera planta. Sin ser un palacio, esta casa puede presumir de ser la más antigua de la ciudad.

La Casa del Rey Moro no es una vivienda de grandes pretensiones. De estilo mudéjar, debió construirse en torno al año 1490, lo que la convierte en la vivienda no palaciega más antigua de la ciudad. Son pocos los datos históricos que se conservan. La mayoría responden a la tradición oral sin ninguna base científica o documental. "Se trata de una casa familiar, muy sencilla, pero es la única mudéjar que queda en Sevilla", advierte el arquitecto Fernando Mendoza, quien se encargó en el año 2001 de redactar el Expediente de Declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), categoría Monumento, del inmueble.

La fachada de ladrillos de la casa. La fachada de ladrillos de la casa.

La fachada de ladrillos de la casa. / Belén Vargas

Mendoza fecha la casa entre finales del siglo XV y principios del XVI y, aludiendo a esa tradición oral, señala que el nombre puede provenir de una cesión a un moro relevante tras la reconquista. El historiador Celestino López Martínez indagó sobre el nombre y el origen de la casa. En los padrones de los siglos XVII y XVIII de la cercana parroquia de Santa Lucía constató que ya aparecía con la denominación de Casa del Rey Moro, con referencias idénticas al huerto posterior, que actualmente se encuentra desvinculado de la vivienda.

Detalle de una de las valiosas vigas mudéjares Detalle de una de las valiosas vigas mudéjares

Detalle de una de las valiosas vigas mudéjares / Belén Vargas

Este investigador, tras repasar todos los reyes moros que habitaron en Sevilla en los siglos XII y XIII, llegó a la conclusión de que el verdadero habitante de esta casa y a quien debe su denominación fue el Rey de Niebla y del Algarve Abenmafor, que la ocupó a mediados del siglo XIII. 

Obras en la casa en los años 80. Obras en la casa en los años 80.

Obras en la casa en los años 80. / M. G.

Un investigador y estudioso relevante del siglo XIX, Félix González de León, también se interesó por esta casa. En 1839 la describía de esta manera: "Con efecto es una casa grande muy antigua enriquecida por toda ella con hermosas labores arabescas ya muy estropeadas, y algunas puertas también tienen arcos árabes, pero de estas casas hay muchas en Sevilla sin llamarse del rey moro que no se qué origen tenga".

Como explica Fernando Mendoza, más allá de la leyenda, la Casa del Rey Moro es una construcción mudéjar. "Lo más interesante es su patio, muy singular. Recuerda vagamente al patio mudéjar del monasterio de La Rábida. El artesonado es muy interesante. En la declaración BIC planteamos la necesidad de recuperar la huerta, pero nunca se llegó a hacer".

Probablemente, como explica el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), la denominación de Casa del Rey Moro le sería dada por el pueblo ya que desde muy antiguo, "por su aspecto morisco y sus curiosos y orientalizantes arcos y pilares del patio".

Las galerías bajas del patio. Las galerías bajas del patio.

Las galerías bajas del patio. / Belén Vargas

El arquitecto Alfonso Jiménez, director de las obras de restauración y rehabilitación del edificio realizadas entre 1981 y 1991, acota las fechas de construcción entre 1490 y 1505. Para ello toma como puntos de referencia las fábricas de ladrillo en limpio bicolores y la desaparecida reja plateresca.

Desde muy pronto la casa debió pasar de ser propiedad familiar a casa de vecindad. En el siglo XIX ya era casa de vecinos. Así lo atestigua un grabado realizado por Joaquín Guichot en 1876. Celestino López, en los años treinta del siglo XX, señala que por entonces la cal cubría los muros antiguos ocultando "las preciadas labores arabescas" a las que aludía González de León.

Detalle de una de las columnas del patio realizadas en ladrillos de color rojo. Detalle de una de las columnas del patio realizadas en ladrillos de color rojo.

Detalle de una de las columnas del patio realizadas en ladrillos de color rojo. / Belén Vargas

En los años setenta del siglo pasado la Dirección General de Bellas Artes del entonces Ministerio de Educación Nacional expropió el edificio que se encontraba muy deteriorado. En 1972 se inician las obras de consolidación y restauración a cargo del arquitecto Rafael Manzano, que quedan interrumpidas.

Estado de la casa ante de las restauraciones de los años 80. Estado de la casa ante de las restauraciones de los años 80.

Estado de la casa ante de las restauraciones de los años 80. / M. G.

En 1980 se encarga la continuación de las obras a Alfonso Jiménez. Con diversas fases de inactividad las labores de restauración y rehabilitación se concluyeron a fines del año 1990 dejando el edificio adaptado para su uso actual por parte de la Fundación Blas Infante. Fernando Mendoza explica que en su día se quedó pendiente la excavación de la huerta, "queríamos ver si la casa seguía hacia allí", y lamenta que quizás, el mejor destino no haya sido el de cederla a la fundación: "No es el final que hubiéramos querido darle. Debería poder visitarse con más facilidad. Tiene un formato muy interesante para hacer pequeñas exposiciones y para que estuviera en uso, no como está ahora en manos de una institución prácticamente privada".

Desde la Fundación Blas Infante, por su parte, señalan que la casa se puede visitar, siempre poniéndose en contacto con ellos. También acuden de los talleres y rutas que organiza el Ayuntamiento y organizan actividades, como los Jueves Flamencos de la Fundación Cajasol.

16-Vista del flanco norte del patio con sus dos arcadas. 16-Vista del flanco norte del patio con sus dos arcadas.

16-Vista del flanco norte del patio con sus dos arcadas. / Belén Vargas

Con toda su leyenda y la incertidumbre respecto a la procedencia de su nombre, la Casa del Rey Moro se conserva en la calle Sol como la vivienda no palaciega más antigua de Sevilla. Un inmueble que merece la pena conocer.

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