Del Duque a la Capillita con la garganta rota

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Pulmón. Es una calle principalísima que une el Duque con los aledaños de la Alameda, la Sevilla comercial con la lúdica. En el corazón de la calle, la más musical de la ciudad, tenía Muñoz Cariñanos su clínica para la voz y la copla.

Un hombre pasa junto a la placa que recuerda la clínica donde asesinaron hace 17 años a Muñoz Cariñanos. / Reportaje Gráfico: Juan Carlos Vázquez
Francisco Correal

15 de octubre 2017 - 02:34

Qué calle, qué señorío tiene". Mari se refiere a la calle Jesús del Gran Poder. Como una meiga, esta sevillana de San Lorenzo vive entre Castros: esposa de Joaquín Castro, madre de Javier Castro. Segunda y tercera generación de la taberna que abrió el suegro de Mari, pontevedrés de Tuy, en 1929. El año de la Exposición Iberoamericana.

Una calle con señorío. Y no sólo por llevar el nombre del Señor de Sevilla. Que aglutina a muchos de sus vecinos. Oficios tan diferentes como los de Manuel Romero, óptico, Rodrigo de Zayas, musicólogo, o Javier Castro, tabernero, tienen algo en común: los tres son hermanos del Gran Poder, el padre de todos.

Ha crecido la altura de la calle: un Alminar, estudio de arquitectos, y Azotea con cocina San Hermenegildo acogió las Cortes de 1823, fue primera sede de Parlamento andaluz

Una calle vigorosa, dinámica. "La calle empieza muy ancha en la plaza del Duque, pero luego angosta y sigue no muy ancha hasta la calle del Potro...", escribía Félix González de León en su Noticia Histórica del Origen de los nombres de las calles de esta ciudad de Sevilla (libro de 1839) para referirse a una parte de la calle Jesús del Gran Poder que entonces se llamaba calle de Las Palmas. En la calle Potro vivió de niño Gustavo Adolfo Bécquer, que se supone que nació en la perpendicular Conde de Barajas. En el libro se cuenta que en la casa de unos marqueses vecinos de esta calle estuvo el rey Fernando VII en un baile el año 1823.

Sus ojos nunca más volvieron a ver esta calle en la que se había convertido en un fijo de su paisanaje. "Las gargantas que cuidaste, Antonio Muñoz Cariñanos, te cantarán ahora la copla más triste". Las gargantas de Rocío Jurado, José Menese, Julio Iglesias, Mónica Naranjo, Raphael, María José Santiago. Esas palabras se las dedicó Antonio Burgos a su amigo y tocayo Antonio Muñoz Cariñanos, coronel médico asesinado en su consulta de Jesús del Gran Poder el 16 de octubre de 2000 por el mismo comando -Harriet Iragi Gurrutxaga, Jon Igor Solana, autor de los disparos- que una semana antes habían acabado con la vida del fiscal Luis Portero en Granada.

Hay un curioso cúmulo de dualidades. La que fue efímera iglesia de San Hermenegildo acogió a las Cortes de la Nación en 1823, el mismo año que Fernando VII asistió al baile, y fue la primera sede del Parlamento andaluz constituido el verano de 1982. En esta calle y sus inmediaciones surgieron dos iconos de la radiodifusión: en la perpendicular Aponte, La Voz del Guadalquivir, con las voces de Luis Baquero, Paco Sánchez, Pilar del Río, Miguel Acal o Joaquín Arbide; en el edificio donde en 1580 llegaron los jesuitas para impartir clases de gramática, retórica, artes y teología surgió Radio Vida, un foro cultural por el que llegaron a la ciudad el neorrealismo italiano, el expresionismo alemán y hasta la nouvelle vague. Dos premios Nobel portugueses, uno de Literatura, José Saramago, otro de Arquitectura (Pritzker), Álvaro Siza, estuvieron en esta calle, el primero homenajeado por la tertulia Cuadernos de Roldán en La Palma de Oro -sede que siguió a Casa Joaquín-; el segundo, en una exposición de dibujos suyos en Alminar, estudio de Arquitectura e Ingeniería. Sigue la escuela de baile de Alicia Vega, hilo musical de tacones.

La calle ha subido de altura con el Alminar y la Azotea, cocina de altura que abrió Juan Gómez Ortega muy cerca de la consulta de Cariñanos en un local que antes había sido bar musical japonés y pizzería genovesa. Juan, norteamericano consorte, en octubre de 2000, cuando matan al doctor Muñoz Cariñanos, vivía en el edificio de Correos de la Avenida de la Constitución donde su padre trabajaba de gerente. Curiosamente, la estafeta de Correos de la calle San Vicente se trasladó a la calle Jesús del Gran Poder.

Raro es el día que uno no se cruza con un Gallardo por la antigua calle de Las Palmas. Los cuatro son de la Soledad de San Lorenzo y se criaron en la calle Santa Ana. José Joaquín es decano del Colegio de Abogados de Sevilla, ya lo era cuando se produjo el crimen; Miguel, periodista y abogado, concluye su temporada en Chipiona; Francisco, médico del deporte, es vecino de la plaza de San Lorenzo y está a punto de ver la luz su tercera novela; Jesús es profesor en el instituto San Isidoro, en la paralela Amor de Dios, Trajano mediante.

La calle es un puro vaivén de afanes. Una calle que trabaja mucho para sí misma: Alfonso, el zapatero, compra el pan en Nueva Florida, a dos pasos del Alameda Multicines. La calle tuvo dos cines de verano: uno estaba en lo que durante muchos años sería la discoteca Holiday, regentada por el ex munícipe Felipe Rodríguez Melgarejo. Javier Castro cuenta que en ese cine se organizaban combates de lucha libre que organizaba Lauren Postigo antes de convertirse en un personaje popular y la voz de Adolfo Suárez en el referéndum del 28-F. "Me lo contó un día que vino al bar con Adelita Domingo".

El doctor Muñoz Cariñanos aparecía de vez en cuando por Casa Joaquín. "Su hijo Pablo operó a mi hija de vegetaciones", dice Javier. Hasta el día que lo mataron, nunca supo que Muñoz Cariñanos, ese madrileño que se hizo otorrinolaringólogo en Navarra y ciudadano del mundo en Sevilla, era militar, como reza el rótulo de la callejuela: Coronel Médico Muñoz Cariñanos. Muchos no sabían que ese médico afable, figurante de la prensa del corazón, dirigía la Policlínica del Mando Aéreo del Estrecho en el acuartelamiento de Tablada y había sido condecorado por su participación en la guerra del Golfo. Carlos Herrera escribió un día después: "Si te quedabas mudo ya sabías lo que había que hacer: llamar a Cariñanos". (Libro Vidas Rotas, Espasa).

A Enrique Casellas nunca le trató la garganta el doctor Muñoz Cariñanos. "Me la miraba un otorrino amigo de Perejil, pero ahora me trata Carlos Martín Vázquez, el médico de Triana que trabajó con Muñoz Cariñanos". A su casa se entra por San Miguel, pero escribe las canciones mirando a Jesús del Gran Poder. Luis Zorrilla tenía su frutería en la calle Santa Clara. Desde hace unos meses, cambió de destino. Jugaba en los juveniles del Betis y la llamada de la Marina, destino San Fernando, propició que su puesto lo ocupara un tal Rafael Gordillo reclamado por Rafael Iriondo para el primer equipo. El frutero jugó en el Eldense, Valladolid, Riotinto, Puente Genil, Dos Hermanas y Villamartín.

Es la calle más musical de la ciudad, con un Conservatorio repartido entre los edificios Falla, Turina y Albéniz. Al primero llegó de portero Manuel García el 18 de febrero de 1981, cinco días antes del 23-F. "Me cruzaba muchos días con Cariñanos". El médico formaba parte de una tertulia, El Patio, cuyo mantenedor principal era el periodista José Luis Montoya.

El señorío debe ir por ahí. Una madrina se prueba un traje para una boda en Puro Garbo. La tienda la preside una foto gigantesca de Greta Garbo. "La actriz sueca es un icono de mujer con personalidad, con mucha fuerza en el vestir", dice Diego Valle, uno de los socios con Alfonso Navarro de esta tienda especializada en ropa de mujer. Trabajan las bodas "y una línea de mujer trabajadora a la que le gusta ir arreglada en el día a día". Diego nació en Puerto Real el día de los Enamorados del año de la Constitución. 14 de febrero de 1978. Estudió Psicología y dice que en esa época de estudiante "no sabía ni dónde estaba la calle Jesús del Gran Poder".

Vecinos de la calle son el pintor Manuel Salinas, hijo de barcelonesa que se enamoró de un sevillano en Sevilla, y el comisario de exposiciones y agitador cultural Diego Carrasco, albacea con María Aya del legado fotográfico de Atín Aya, otra sombra de la calle. Hay casas grandes, hermosas, pero el único edificio palaciego, ahora convertido en Centro Cívico, es la Casa de las Sirenas, la misma en la que de niño, según cuenta la biografía de Chaves Nogales, Juan Belmonte jugaba a indios y vaqueros a lomos de las titulares de la casa.

La calle Jesús del Gran Poder empieza en El Corte Inglés, con parada del C5, microbús para calles estrechas, y termina en la capillita del Carmen. Los pares llegan al 130; los impares, en el Hostal Jardín de la Alameda, al 145, en las antípodas del Hotel América, que prescindió de su tradicional color amarillo. En esta misma acera está la Comisaría de Policía, acceso por Alameda.

El Alameda Multicines abrió en 1977. Ya anuncia los dos Próximamente, una historia de los hermanos Coen dirigida por George Clooney y una superproducción de Juan Antonio Bayona de elenco extranjero y ficha técnica nacional. Como 55 días en Pekín o Lawrence de Arabia. En el edificio de los jesuitas hay un azulejo del padre Tarín, valenciano de cuna, declarado venerable por Juan Pablo II el 3 de enero de 1987. Todavía estaba a revienta calderas el cine Ideal, selecta nevería. En julio de ese año, el cronista recuerda la proyección de Delta Force, con Lee Marvin y Chuck Norris. Palabras mayores.

No es calle-sierpe, pero sí misteriosa. Allí nació el taller Zyriab, de la mano de Anne Perret y Rodrigo de Zayas, una casa que han visitado desde Plácido Domingo o Edgar Morin. Qué calle, qué señorío tiene. El número 73 es una casa-ciudad, enjambre de pisos y escaleras. Bastidores de la Monky Week, en el parking del Patio de la Cartuja, antaño Corral de los Chícharos, han puesto el cartel de completo. Hay calles en Sevilla que se mueven como pulmones. Los jueves manda Feria; los viernes, Jesús del Gran Poder.

El día que Compán fue finalista del Planeta

Hoy se falla el premio Planeta. Hace 17 años, el fallo del jurado se produjo el 16 de octubre de 2000, horas después de conocerse el asesinato del coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos. Lo ganó Maruja Torres y el finalista fue un buen amigo de esta calle, Salvador Compán. Era fijo de Cuadernos de Roldán cuando la tertulia se reunía en Casa Joaquín y es autor de uno de los textos que acompañan el libro Miradas del alma, poesías en castellano y gallego del tabernero Joaquín Castro. Salvador pasó recientemente por la taberna que regenta Javier, el hijo del poeta, en busca de una foto de la presentación del libro que tuvo lugar en el Ateneo. La tarde del 16 de octubre se paralizó todo en Sevilla. Dos ráfagas, las de los autores del crimen huyendo, pasaron por delante de las muchas tiendas de la calle. Carlos Cano suspendió un concierto de coplas en el teatro Lope de Vega: el cantautor granadino moriría dos meses después en un hospital de Nueva York. Andrés Sorel tampoco presentó un ensayo en La Carbonería. En la Corsetería Mónaco, esquina con Conde de Barajas, vieron perfectamente a los matarifes corriendo. Este histórico establecimiento acaba de cerrar. A comienzos de año, será un nuevo local de La Azotea, el tercero que Juan Gómez abre en el barrio, segundo en la calle.

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