La Fe no falta en el Corpus
Si la Fe mueve montañas, ayer impulsó multitudes a las calles. Un gran día eucarístico para recordar en el Año de la Fe, sin dudas ni polémicas
AUNQUE nadie lo pidiera, como si hubiera una reflexión interna, los cofrades (los sevillanos, en general) salieron a la calle para despejar equívocos, o dudas anteriores. La Sevilla religiosa está donde debe estar. Fue el Corpus más masivo de los últimos años, posiblemente desde el Congreso Eucarístico Internacional de 1993. Se batió el récord de representaciones capillitas. El cortejo completo tardó en pasar por la plaza del Salvador 150 minutos (dos horas y media).
Las vísperas se viven con intensidad, con más actividades, a Catedral abierta para visitarla gratis y ver los pasos, pero no han acabado con el verdadero día del Corpus. Este año, por esas intuiciones que tiene la Fe de Sevilla, se había llegado a la idea de que convenía un impulso. Que nadie pensara que las cofradías se están quedando al margen, que la Iglesia va por un lado y los cofrades por donde se les ocurre. También es verdad que la organización del Corpus ha mejorado este año. En el Arzobispado y el Cabildo Catedral hay interés y se nota en los detalles. Simples retoques, como atrasar a las representaciones cofradieras de las basílicas, han contribuido a proporcionar mejor una procesión que es larga, muy larga.
Se puede medir el éxito de la asistencia al Corpus por cuestiones ajenas a las toneladas de basuras retiradas. Por ejemplo, a falta de datos oficiales, dio la impresión de que aumentó la venta de sillas con respecto al año pasado. En la plaza del Salvador se vendieron todas. En las calles se notaba la presencia de más personas para ver la procesión. Las representaciones de las cofradías aumentaron. Hubo algunas sacramentales, como San Bernardo, con más de 70 hermanos en la representación. Y fue especialmente llamativo, en el tramo de las basílicas, que la representación del Gran Poder salió con unos 80 hermanos. Aún así, fue superada por la Macarena, que llevó casi 120 hermanos.
La procesión del Corpus fue cronometrada en la plaza del Salvador, por donde empezó a pasar a las 9:25 y terminó a las 11:55, con un total de 150 minutos. Las modificaciones introducidas en el orden de las representaciones y la ubicación de los pasos lo han acoplado con más proporcionalidad. Hace unos años, hasta antes de que se incorporara Santa Ángela de la Cruz, el primer paso era el de las Santas Justa y Rufina, que iba casi unido a los carráncanos, con las hermandades de gloria por medio, representadas por pocos hermanos, no siempre bien vestidos, a modo de cofrades pobres. Ayer, desde los carráncanos hasta las Santas Justa y Rufina transcurrieron 45 minutos. Por medio iban unas representaciones de gloria mucho más amplias y bien presentadas, como las demás, delante del paso de Santa Ángela; y las primeras de penitencia (hasta el Silencio) a continuación.
El resto de las representaciones de penitencia y las sacramentales, acompañaban a los pasos de San Isidoro, San Leandro y San Fernando. Hasta el Santo Rey, patrono de la ciudad, habían transcurrido 105 minutos; es decir, tras las santas trianeras, se veían tres pasos más en una hora.
Delante de la Inmaculada empezaba la zona noble, con las representaciones institucionales, colegios profesionales, consulares, Consejo de Cofradías y demás. Mientras que las representaciones de las cofradías con basílica (Cachorro, María Auxiliadora, Gran Poder y Macarena) fueron situadas delante del Niño Jesús del Sagrario, por delante de la Sacramental de las sacramentales.
En el Corpus nada se queda al azar. Hay una jerarquía del protocolo, cada vez más ajustada. Véase que delante de la Custodia pequeña de la Santa Espina van las representaciones del Seminario, diáconos y órdenes religiosas (o sea, frailes). Mientras que tras este paso, antecediendo a la Custodia grande con el Santísimo, se dispone el clero regular, párrocos, seises, Maestranza y Cabildo Catedral.
Detrás de la Custodia, en la presidencia religiosa, iba el arzobispo, Juan José Asenjo, acompañado por el obispo auxiliar, Santiago Gómez Sierra. Con ellos, el deán de la Catedral, Francisco Ortiz, y el prefecto de Liturgia de la Catedral, Ángel Gómez Guillén. Y, a partir de ahí, las representaciones de las autoridades provinciales y locales bajo mazas, presidida por el alcalde, Juan Ignacio Zoido, y la compañía de honores del Ejército. Pues bien, desde la Inmaculada hasta el último soldado, transcurrieron 35 minutos, en los que pasaron los tres últimos pasos y todas las autoridades religiosas y civiles.
Organizar un Corpus mejor es difícil. Hay diferentes versiones sobre el número de personas que salen en la procesión. Ayer debieron ser más de 6.000. Sin embargo, lo importante no es la cantidad. El Corpus es un tratado cívico de la sociedad sevillana, que se presenta de modo espontáneo y consecuente. Cada cual va donde debe ir, o donde prefiere ir. El presidente de la CEA, Santiago Herrero, iba como hermano de filas en las Penas de San Vicente (cofradía de la que fue hermano mayor), en una representación que iba encabezada por su actual hermano mayor, Juan Carrero García-Tapial (hijo del recordado Juan Carrero Rodríguez, que nunca quiso ostentar ese cargo). Curiosamente, el presidente de la Cámara de Comercio, Francisco Herrero (que es hermano de Santiago) iba de chaqué en la zona noble, como corresponde a su cargo.
La gente, mientras pasa el cortejo (que aquí es larguejo) se fija en detalles como esos. O en averiguar si la única niña que salió con vaqueros en la procesión pertenece a una cofradía de vísperas o una sacramental con sede en La Palmera. Tampoco hay que dramatizarlo. Se ha mejorado bastante, en general.
Se podrá decir que dos horas y media de procesión dan para mucho, y es verdad. Dan para tanto que Aurora Fernández, secretaria de la Soledad (Sacramental de San Lorenzo) iba con la representación de su hermandad, casi delante de San Fernando, pero cuando pasaba la Custodia por la plaza del Salvador ya estaba en un balcón, mostrándola a su nieto recientemente nacido. En el Corpus el don de la ubicuidad también existe.
Hay que destacar los elegantes exornos de los pasos. Y, en el recorrido, el buen gusto de la mayoría de los altares. Muy especialmente, el barroquismo que se palpaba en la calle Francos, con el espectacular balcón que puso Concha Rodríguez en su tienda de artículos religiosos. En esa calle, en ese balcón y en el cercano altar de las Tres Caídas de San Isidoro, se condensan esencias del gran día eucarístico.
La procesión de regreso de La Cena, que este año trasladó el misterio completo a su altar del Palacio Arzobispal, puso el colofón soñado. Después de un triste Domingo de Ramos, aquella multitud que lo contemplaba por la calle Alemanes era como si recuperara un pasado imposible, que se nos había esfumado dos meses antes, entre gotas de lluvia.
Sevilla no perdió la Fe, que está siempre presente en lo alto de la Giralda. Y la vimos en una mañana de Corpus, cuando se arrodilla ante Jesús Sacramentado, entre juncia y romero. La Fe no es ciega en Sevilla.
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